Imagen

Imagen
PINCHA SOBRE LA IMAGEN SUPERIOR para acceder a los CAPÍTULOS de la saga DESPERTAR

Seguidores

Translate

viernes, 26 de octubre de 2018

SOBREVUELA OESTE


Concluye tu misión de LOS CUATRO PUNTOS CARDINALES 🔥💧🍁🌀 sobrevolando en el OESTE 🌀: https://www.amazon.es/Oeste-Cuarta-Cuatro-Puntos-Cardinales-ebook/dp/B01MU30O2U/ref=pd_sim_351_3?_encoding=UTF8&pd_rd_i=B01MU30O2U&pd_rd_r=3e837cd8-d8fd-11e8-9a8a-8ffa2a3c2c04&pd_rd_w=yM4YA&pd_rd_wg=ZmpB3&pf_rd_i=desktop-dp-sims&pf_rd_m=A1AT7YVPFBWXBL&pf_rd_p=cc1fdbc2-a24a-4df6-8bce-e68491d548ae&pf_rd_r=11847RXTBPSX62TNF7RQ&pf_rd_s=desktop-dp-sims&pf_rd_t=40701&psc=1&refRID=11847RXTBPSX62TNF7RQ 

NATHAN.

«Me planté delante del árbol en el que había fijado mi objetivo y dejé que la sacerdotisa se bajara de mi espalda.

―Ay ―gimió al apoyar la pierna.
―Esperad, os ayudaré ―saltó el principito.

¿Otra vez? 

Me interpuse con un rápido giro y agarré a la sacerdotisa a tiempo, sujetándola por la cintura. De ese modo, y con sus manos aferradas a mis hombros, logré que se mantuviera en pie.

Ella me miró a los ojos.

―Gracias ―sonrió.

Carraspeé para evitar el hormigueo y observé el árbol.

―Tendré que subirte a esa rama ―le indiqué.
―Vale ―asintió.

Mi vista se desvió hacia el príncipe.

―Tendrás que buscarte otro árbol, majestad ―le solté, burlón.

De las pupilas de Oliver se dispararon dos rayos láser, pero me lo pasé por…

―De acuerdo ―aceptó el príncipe, suspirando.

Y, al fin, se hizo a un lado.

―Podéis subiros a esta rama, alteza ―escuché que le decía Oliver en tanto mi atención regresaba a la sacerdotisa.
―¿Lista?

Se arrimó más a mí, hasta que sus tersos pechos rozaron mi torso…

―Sí ―susurró muy cerca de mi boca, clavándome una penetrante mirada.

¡Uf! Esa fragancia, sus ojazos, sus labios, su cuerpo tembloroso, húmedo pero cálido…

Me obligué a espabilar y, antes de que la cosa fuera a peor, la alcé con seguridad y precisión. Ella me ayudó con un esforzado salto, haciendo que el impulso fuera perfecto. La senté en la rama y ella se aferró con firmeza.

―¿Bien? ―le pregunté.
―Sí, genial ―cabeceó, dedicándome otra sonrisa.

El resto del grupo se fue acomodando en los árboles colindantes, los cuales distaban sobre metro y medio entre sí, y yo me instalé en la misma rama que la sacerdotisa, apoyando la espalda en el tronco. 

Los árboles nos pedían silencio con el mecer de sus hojas, sin embargo, y aunque eran invisibles a la vista, las almas se manifestaban con el sonido constante de sus desgarradores y suplicantes lamentos. Éstos parecían sobrevolar sobre nuestras cabezas, zigzagueando entre las ramas como brisas etéreas y gélidas. Pero algo más captó mi atención. 

Me fijé en los árboles que habían ocupado mis colegas y reparé en la quietud de sus hojas. Se movían, sí, pero por el efecto del suave viento. Solamente las de nuestro árbol se balanceaban con ese brío, únicamente las nuestras se movían por un efecto sobrenatural. Me estremecí para mal cuando me di cuenta de que se debía a la presencia de la sacerdotisa. Entonces, me percaté de que, desde que habíamos cruzado la frontera, las hojas de los árboles se habían ido moviendo conforme ella pasaba. Era como si esas almas… la estuvieran siguiendo. También reposaban más cuervos en nuestro árbol.

―¿Puedo? ―la voz de la sacerdotisa cortó de cuajo mis inquietantes pensamientos. Cuando la observé, su dedo estaba señalándome. Fruncí el ceño sin comprender y ella se explicó, frotándose los brazos y bajando la mirada―. Tengo… tengo frío.

No sé por qué, pero le eché un vistazo maquiavélico al príncipe, que nos contemplaba desde su árbol.

―Claro ―respondí, devolviéndole la mirada a la sacerdotisa.

Juro que creí que solo iba a aproximarse un poco más a mí en busca de algo de calor humano. Sin embargo, en vez de eso, se pegó a mi pecho con un abrazo, acurrucándose con la línea de su boca curvada por el alivio y la satisfacción.

Ahora la voluptuosidad de sus senos se apechugaba contra mi torso y el aroma que emanaba de su cabello se apoderó de mis bronquios con ganas. Podía sentir los fuertes pálpitos de su corazón, así que seguro que ella notaba los míos, que eran más que tremendos. Seguro que también  podía notar la electricidad de mi abdomen. Me quedé tieso como un idiota, con los brazos colgando sin saber qué hacer. Tras un momento eterno, conseguí que me hicieran caso y los coloqué bordeando su cintura. Y adivina. Como por arte de magia, de repente se relajaron completamente. Sí, de pronto toda indecisión se disipó y me sentí cómodo. Otra vez esa familiaridad y confianza…

―Se está bien aquí ―murmuró al cabo de unos segundos.

Sí, se estaba bien así. Muy bien. Demasiado bien. No supe qué decir ante esa confesión a mí mismo, así que permanecí mudo.

―Cómo me duelen los pies ―se quejó, emitiendo un pequeño gemido―. Los tengo helados.
―Será… será mejor que te descalces. Te secarán y te evitarás problemas mayores.
―Después. Ahora estoy muy a gusto aquí ―retozó, estrujándose un poco más en mi pecho.

De nuevo, mi garganta se quedó sin voz, y, de nuevo, sentí el calor de la electricidad en mi abdomen.

Genial.

Un llanto femenino rozó mi oreja, dejando un rastro aterido y lúgubre, estremecedor. Me puso los pelos de punta.

―Puedo sentirlas ―susurró la sacerdotisa con un hilo de voz. Mi vista descendió hacia ella, todavía con el estómago encogido―. Las almas. Puedo sentirlas.
―¿Puedes… sentirlas?
―Me están llamando.

Joder, eso acojonaba aún más.

―¿Te llaman?

Parecía gilipollas de tanto repetir las cosas, pero era inc
apaz de decir nada más, la verdad.

La sacerdotisa izó su semblante, de modo que pude ver la certeza en sus ojos. 

―Puedo ayudarlas, lo sé. Me están pidiendo ayuda, eso tiene que ser por algo.

En mi mente se hizo un mutismo al no hallar respuestas válidas.

―Anda, duérmete ―murmuré.

Ella suspiró, aunque se echó sobre mi pecho de nuevo.

―No sé si podré dormir algo.
―In… inténtalo.

Apretó su abrazo, y volví a quedarme sin respiración».















martes, 23 de octubre de 2018

LUCHA EN EL ESTE


Sobrevive a LOS CUATRO PUNTOS CARDINALES 🔥💧🍁🌀 luchando en el ESTE 🍁 : https://www.amazon.es/Este-Tercera-Cuatro-Puntos-Cardinales-ebook/dp/B01N9JZE08/ref=pd_sim_351_2?_encoding=UTF8&pd_rd_i=B01N9JZE08&pd_rd_r=1c4cf3af-d69b-11e8-8cae-652d9da651ae&pd_rd_w=5FTr9&pd_rd_wg=aFr73&pf_rd_i=desktop-dp-sims&pf_rd_m=A1AT7YVPFBWXBL&pf_rd_p=cc1fdbc2-a24a-4df6-8bce-e68491d548ae&pf_rd_r=JMQCV92XV9CKA77947YE&pf_rd_s=desktop-dp-sims&pf_rd_t=40701&psc=1&refRID=JMQCV92XV9CKA77947YE

JULIAH.

«Daero caminó por ese pequeño salón, visiblemente inquieto, hasta que se detuvo ante mí.

―Sé lo que estáis haciendo.
―¿Qué? No os entiendo.
―Sé lo que hacéis con ese guerrero, lo que hay entre vos y él.

Mi cuerpo se petrificó al oír eso.

―No… no sé de qué me estáis hablando ―balbuceé con la mirada huidiza―. No tengo… nada que ver con ningún guerrero.

El príncipe se mostró más duro, y esta vez habló claro.

―Os he visto anoche con él, en las viejas cuadras.
―¿Qué? ―apenas pude pronunciarlo.

Fue aún más fulminante, me quedé paralizada. Daero… también lo sabía… Todo lo que había hablado anoche con Nathan, todo lo que habíamos decidido, se me vino encima como una catarata helada. Se cayó con estrépito, como un edificio demolido con explosiones. No podía ser… No podía ser que tuviéramos tan mala suerte. Si Daero contaba lo nuestro estábamos perdidos.

Pero la expresión del príncipe añadió algo más a ese impacto. Justo en el instante posterior, las imágenes de mi tórrido encuentro con Nathan destellaron como el rayo de una tormenta. No podía dejar de ver las veces en las que había susurrado su nombre con ardor, las veces que le había confesado que le amaba con el fervor encendido del placer… No quería ni imaginarme lo que todo eso podía estar suponiendo para Daero, el daño y la ofensa que podía estar provocándole.

Levanté la vista casi con urgencia.

―¿Hasta dónde… visteis? ―quise saber, sin apenas voz.
―Por Dios, Juliah, soy un hombre decente, no os he espiado, si es eso lo que queréis saber ―declaró, pasándose la mano por sus rizos con un disgusto todavía desasosegado―. Hace ya unos días que me percaté de vuestras ausencias en las cenas, y ayer decidí seguiros. Cuando ese guerrero comenzó a bajaros el vestido ya no me hizo falta ver más para comprender lo que iba a suceder, así que creí más conveniente que me fuera.
―Por favor, os lo suplico, no digáis nada ―imploré, angustiada.
―¿Cómo habéis podido? ―me reprochó, dolido―. Sois… amantes. Él es un guerrero y vos una sacerdotisa, es un deshonor para vos.
―No lo entendéis. Él me ama, y yo le amo. Nos amamos desde que éramos tan solo unos niños ―traté de explicarle.
―Ese guerrero no puede amaros, y vos a él tampoco, está prohibido ―Daero se giró con un ademán enojado, dando unos pasos que pretendían iniciar un paseíllo―. Y para colmo estáis prometida con Orfeo, vuestra infidelidad supone un delito muy grave.
―Vos también me pretendisteis, a pesar de que sigo prometida con Orfeo ―repliqué.

Sus pies se pararon en seco, virando hacia mí. Iba a responderme, pero su boca se quedó trabada ante esa verdad irrebatible.

Al ver su flaqueza, y ese viso bueno e indulgente en sus ojos, me dejé caer de rodillas ante él, quemando el último cartucho que me quedaba. No me importaba humillarme. Cualquier cosa con tal de proteger a Nathan. No me importaba lo que me hicieran a mí, pero a él…

―Os lo suplico, Daero, no le contéis nada de esto a nadie, por favor―rogué con voz queda―. Apelo a nuestra amistad, aunque después de esto ya no aceptéis la mía.
―Oh, por el amor de Dios, Juliah, poneos en pie ―me pidió, apurado, ayudándome a levantarme.
―Os lo suplico ―repetí a la vez que terminaba de enderezarme, implorándoselo con la mirada.

Daero me observó fijamente y, con un aire resignado, aunque disgustado, volvió a suspirar.

―Es él, ¿verdad? Ese hombre que robó vuestro corazón es ese guerrero, el Dragón ―adivinó.

Guardé un momento de mutismo, pero asentí, rendida.

―Sí ―admití finalmente.
―Dijísteis que destrozó vuestro corazón.
―No fue por su culpa. En ese momento yo estaba dolida y… Bueno, es un poco largo de explicar, os lo contaré todo más tarde, si queréis. Solo puedo decir que ahora él lo ha curado.

Otro silencio.

―Así que, eso significa que le habéis vuelto a entregar vuestro corazón.
―Él siempre lo ha tenido ―le recordé―. Mi corazón siempre ha sido suyo. Y lo será eternamente.
―Si no es con él, jamás será con nadie ―rememoró, asintiendo y soltando otra exhalación comprensiva―. No puedo competir con eso, no puedo competir con él».







lunes, 22 de octubre de 2018

ADÉNTRATE EN NORTE


Descubre el mundo oculto de LOS CUATRO PUNTOS CARDINALES 🔥💧🍁🌀 adentrándote en NORTE 🔥 : https://www.amazon.es/Saga-Cuatro-Puntos-Cardinales-Norte-ebook/dp/B01NBPCL89/ref=sr_1_1?s=books&ie=UTF8&qid=1486826978&sr=1-1&keywords=los+cuatro+puntos+cardinales

«Cuando me separé de James, mi prima estaba terminando de bajar las escaleras y se colocó junto a Liam. Nuestras miradas se cruzaron, y la suya, crítica, ya lo dijo todo. Resoplé por la nariz e intenté no prestarle atención.

―Estábamos hablando con James sobre su carrera de Derecho ―me desveló el tío Chad, sonriente―. Al parecer, va viento en popa.
―Sí, aunque estudio mucho para conseguirlo ―declaró James, manteniendo esa sonrisa educada.

Que me lo dijeran a mí…

―No le quites valor, chico ―rio mi tío, todo contento y satisfecho, dándole una palmada en la espalda a James que le llevó hacia delante y casi lo rompe, puesto que mi novio no era flaco, pero sí más bien delgado―. La universidad de Standford es una de las más importantes y prestigiosas del país, no debe ser nada fácil sacar un aprobado allí.
―No, la verdad que no lo es ―presumió mi novio finalmente―. Aunque yo me esfuerzo para sacar notables y sobresalientes.

El tío Chad soltó una de sus risotadas. Se notaba cuánto le gustaba James, aunque yo fruncí el ceño, no todo en la vida era prestigio, al menos para mí.

―Dime, James, ¿se te ha hecho muy pesado el vuelo desde California hasta aquí? ―preguntó la tía Audrey, que mantenía el paquete de unos pasteles en la mano, seguramente detalle de mi novio.
―Si le soy sincero, no ―sonrió él―. He venido en un avión privado.
―Claro, mujer, qué cosas tienes, ha venido en un avión privado ―repitió el tío Chad con una voz que intentó sonar como algo normalizado pero que salió terriblemente exagerada.

Puse los ojos en blanco.

―Bueno, ¿nos vamos? ―le propuse.
―Como quieras ―asintió. Después, se dirigió al resto―. Ha sido un placer conocerles, señor y señora Grey ―sonrió, dándoles la mano―. Y a vosotros también, Lucy y… Liam.

Este le estrechó la mano con otra sonrisa e intentó soltársela cuando el saludo pareció terminar, pero James tardó algo más en hacerlo. La sonrisa de Liam se borró de su cara al ver la repentina y extraña expresión de enfrascamiento en el semblante de James, y la mía también. ¿Qué estaba haciendo? Finalmente, mi novio pareció salir de su mundo, sonrió de nuevo y dejó la mano de Liam libre, aunque Lucy se cruzó de brazos y le miró de reojo, con mala cara.

Mejor que nos largásemos ya.

―Es una pena que Nathan ya hiciera planes y no esté aquí, si no, hubiéramos comido todos juntos, en familia ―declaró mi tío con esa boquita que mejor estaba cerrada.

¡No! ¡Bocazas!

El rostro de James se oscureció inopinadamente otra vez y se giró hacia mi tío.

―¿Nathan?
―Venga, vámonos ―le azucé, cogiendo su mano.

Pero él me la soltó con brusquedad. 

―¿Conoces a mi hermano? ―preguntó Liam, extrañado.
―No personalmente, pero Juliah me ha hablado de él en alguna ocasión. Creía que tal vez ya no vivía en este pueblo ―y su rostro se volvió hacia mí con un reproche claro.

Bajé la mirada al suelo.

―Oh, sí, claro que vive ―rio el tío Chad―. Es más, Liam y él viven aquí, en nuestra casa, ¿no te lo ha dicho Juliah?

Mis ojos se fueron hacia arriba con precipitación.

―Pues es que nunca había salido el tema, pero, en fin, ahora ya lo sabes, ¿verdad? ―le sonreí a James, tratando de quitarle importancia a esta tontería que en realidad no la tenía―. Ya podemos irnos ―y le cogí de la mano de nuevo.

Esta vez James no la soltó, sin embargo, la apretó de una forma extraña, tanto, que incluso me hizo un poco de daño. Me quedé a cuadros, porque él jamás había actuado así conmigo.

―Sí, será mejor que nos marchemos ―coincidió él, aunque manteniendo una sonrisa de forzada educación que no pegaba nada con el fuerte amarre que sostenía mi mano―. Tenemos una mesa reservada en un restaurante y no quiero que lleguemos tarde.
―Aún es muy temprano ―dijo Lucy, analizando su rostro.

Cuando pasó al mío, salté como un resorte.

―Bueno, vámonos ―concluí, tirando de él para dirigirnos a la puerta.
―Ha sido un placer conocerles ―repitió James.
―Igualmente ―sonrió la tía Audrey―. Espero que podamos comer todos juntos en alguna otra ocasión.
―Por supuesto, cuando gusten ―asintió mi novio.

Abrí la puerta y salí con prisas de allí, tirando de James.

―Adiós ―me despedí.
―No se la devolveré muy tarde ―añadió James.
―Me fío de ti, chico ―aceptó el tío Chad, sonriente».







NAVEGA POR SUR




NATHAN.

«―Tranquilízate ―me dijo el desgraciado de Orfeo, y encima, con esa altivez que me ponía del hígado.
―¡¿Que me tranquilice?! ―me indigné―. ¡Maldito hijo de perra! ¡El próximo en caer serás tú! 

Mis manos tensaron un poco más las cadenas y estas le apretaron el gaznate al viejo.

―Mi señor… ―le suplicó este con voz temblorosa.
―Ella aún puede curarse ―afirmó su rey, sin cambiar de actitud.
―Por supuesto que puede curarse, ya lo sé. Por eso quiero que le des de beber tu Agua de la Vida ―le exigí, hablando con un tono que se me escapó con extrema amenaza.

A July le serviría para curarse. A diferencia de Eudor, ella era pura por su condición de sacerdotisa, el veneno terminaría desapareciendo del todo gracias a su magia y al poder del agua. Con ambos elementos combinados tenía que funcionar.

―Eso tendremos que negociarlo.

¡¿Negociarlo?! ¡¿Cómo osaba?!

―Quiero que se la des, ¡AHORA! ―le grité.
―Suelta a mi consejero y hablaremos. De lo contrario, Juliah morirá.
―¡No te atrevas a darme órdenes! 

El muy cretino levantó el mentón todavía más, mirándome por encima del hombro. 

―¿Quieres que Juliah muera? ―amenazó.
―Falso de mierda, no dejarás que eso pase ―inferí, apretando los dientes. 
―Claro que lo haré.
―Sé que la necesitas para tus propósitos.
―Ponme a prueba ―dijo, y encima, presumiendo con una media sonrisa―. Si no accedes a lo que te pido, Juliah ya no me servirá para nada.

¡¿Sería desgraciado?!

Algo parecido a un abrasador rayo de fuego me atravesó entero, desintegrando los pocos resquicios de autocontrol que me quedaban. Con un inopinado arrebato, solté al viejo y me abalancé sobre Orfeo. Mientras el primero se caía de rodillas, tosía y se llevaba la mano a la garganta, estampé al segundo contra la pared rocosa con todas mis fuerzas, apretándole ese fino cuello con una sola mano.

Sí, me sobraba con una para rompérselo, de lo delgado y largo que era. 

―Maldito miserable ―mascullé, resollando sin parar―. Si no quieres morir, dale tu Agua de la Vida. ¡YA!
―Adelante, mátame ―otra repelente sonrisa curvó su labio algo más―. Nadie excepto yo conoce el paradero del agua. Si me matas, ella también morirá.

Mi pecho estaba a punto de estallar, de la bola rabiosa y colérica que se revolvía dentro de mí, quemándome, abrasándome. Pero no me quedaba más opción. Miré a July. Seguía tornándose en el suelo, temblando, con la mirada perdida en algún misterioso lugar. Un lugar que se adivinaba frío y sombrío, fantasmagórico, terrorífico.

―Aún estás a tiempo de salvarla ―declaró Orfeo sin un ápice de preocupación en su voz.

Mi vista regresó a él para insertarse en sus despreciables ojos con una inquina que además le amenazaba de muerte. Me quedé mirándole fijamente de ese modo, estudiando a la vez su expresión. Continuaba mostrando su arrogancia rastrera, sin embargo, parecía estar hablando en serio, aunque sabía de sobra que estaba manipulándome.

―Habla ―exigí finalmente.
―Se curará si accedes a mi trato ―aseguró ese zorro.
―¿Tu trato? ―pregunté con aires de sospecha.
―Suéltame y hablaremos como hombres civilizados ―me pidió, enorgulleciendo su barbilla un poco más.

¿Hombres civilizados? En estos momentos esa última palabra ni siquiera me sonaba, no iba conmigo. Pero, maldita sea, una vez más, no me quedaba opción. July era lo primero, y eso podía con toda la fuerza de mi orgullo, porque yo estaba dispuesto a hacer cualquier cosa por ella, lo que fuera. Y ese miserable de Orfeo lo sabía, vaya si lo sabía. Machaqué las muelas con tanta ira, que hubo un momento en que creí que iban a quebrarse. Maldito arrogante de mierda.

―Nathan… ―susurró July de repente, con un frágil hilo de voz.

Fue suficiente para que toda mi atención se desviara hacia ella de una forma inmediata. Mi cerebro se vació totalmente cuando giré el rostro y la vi, hasta mi ira salió despedida, perdiéndose en algún rincón recóndito de mi subconsciente. 

―July ―murmuré nerviosamente, liberando a mi presa al instante para correr hacia ella.

Tiré el látigo de siete cadenas y estampé mis rodillas en el suelo, haciéndolas derrapar a su lado, pero ni noté el dolor de mis rótulas. Solamente podía verla a ella, a mi preciosa July. 

―July ―volví a murmurar, acariciando su hermoso rostro con mis ansiosas manos.

Sin embargo, ella continuaba en ese estado casi de coma, retorciéndose sobre la fría superficie para intentar agarrarse a los salientes, como si estuviera soñando que se caía de alguna parte y procurase sujetarse. Su preciosa mirada castaña ahora se había apagado, no tenía brillo ninguno, pero seguía perdida, mirando a un infinito confuso y convulso a la vez. Lo que fuera que la había atrapado estaba hundiéndola más en las tinieblas.

Mi July…

―Todavía puedes salvarla ―repitió ese hijo de mala madre, aunque no se percibía conato de preocupación en su timbre».


Músicas que inspiran este viaje ;) : Vendetta Beats: Ultra Instinct: https://www.youtube.com/watch?v=2hmipUz8GB0








miércoles, 3 de octubre de 2018

SEXY SUMMER


¡Amazon ha puesto su pequeño grano de arena y ha adelantado la publicación de Sexy Summer! Así que ya está disponible desde hoy 👏👏👏 A ver si tenemos suerte y recaudamos algo 💗

https://www.amazon.com.mx/Sexy-Summer-Abril-Mujica-ebook/dp/B07HVH939C/ref=sr_1_2?ie=UTF8&qid=1538417360&sr=8-2&keywords=sexy+summer



ANTOLOGÍA ROMÁNTICA BENÉFICA


Hola, mis guerreros!

Estoy muy emocionada! El día 2 de octubre sale una antología benéfica en la que hemos participado autoras de varios países de habla hispana. Los beneficios irán para niños con pocos recursos de Venezuela, para ayudar a su escolarización. Cada autora hemos escrito un relato independiente con mucho romance y erotismo, esperamos que os guste!