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jueves, 12 de abril de 2018

MALAS RELACIONES. OESTE


¿Te atreves a vagar por las tinieblas de las Tierras del Oeste? Recorre el Norte, el Sur y el Este y concluye este maravilloso viaje en el Oeste ;)


«La mano negra se detuvo bruscamente al verse en serio peligro. Después, profirió un alarido rabioso y se esfumó. 

Todos se habían quedado tan estupefactos, que nadie hizo nada cuando los guerreros de Gälion se subieron a los pajarracos e hicieron mutis por el foro despegando a toda prisa.

Cabeceé para espabilarme yo también.

―¡Mierda, se escapan! ―protesté cuando vi que se alejaban volando.

Nadie pareció escuchar mi queja.

―¿Cómo has hecho eso? ―exhaló Mark con el semblante bañado en admiración.

Mierda, los demás me miraban igual.

Suspiré y me acerqué a la sacerdotisa, aunque ella ya estaba viniendo hacia mí.

―¿Estás bien? ―intenté que mi voz sonara indiferente, pero al ver su rostro y sus ojos creo que mi truco falló.
―Sí, ¿y tú? ―inquirió, estudiando mis heridas preocupada.
―Sí, sí, yo estoy perfectamente ―le contesté con un aire despreocupado.

Un momento, ¿estaba haciéndome el duro para ligármela? Joder, ¿pero qué coño me pasaba?

―¿Y vos, estáis bien? ―le preguntó al príncipe, girándose hacia él.

El muy idiota puso cara de pena para dar lástima.

―Bueno, lo cierto es que siento todo el cuerpo dolorido, y tampoco acostumbro a sangrar de esta manera ―se lamentó con tono y gesto pusilánimes mientras se frotaba el brazo―. Las garras de esas aves son realmente afiladas.

Venga ya, no me jodas. ¿Ese pijo estaba haciéndose el mártir para ligársela?

―Déjadme ver ―le pidió ella, echándole un vistazo al antebrazo con inquietud. Una mueca de dolor atravesó su rostro al ver los alargados y finos cortes que apenas sangraban ya―. Lo siento mucho, todo es por mi culpa.

Fruncí el ceño. Pero si no eran para tanto. ¿Y los míos?

―Por supuesto que no ―le calmó él con la dulzura propia de un gorrioncillo. Mi boca comenzó a colgar conforme escuchaba―. Todos estamos aquí para ayudarnos mutuamente. Hoy os tocó a vos recibir ayuda. Mañana tal vez sea yo, o cualquiera.

La sacerdotisa le dedicó una sonrisa que agujereó mi estómago como si fuera ácido. Estaba empezando a arrepentirme de hacerme el duro…

―¿Cómo lo has hecho? ―repitió Mark, que se había quedado estancado en la batalla.

Puse los ojos en blanco y suspiré otra vez.

―Pues como hago siempre. Dejo que mi dragón se libere y…
―No, me refiero a lo otro ―me corrigió, fascinado. Me paré a observar a los demás. Todos me miraban de la misma forma, todos me hacían la misma pregunta que Mark―. ¿Cómo has hecho para que tu katana y el látigo pudieran pelear físicamente con la magia negra de Yezzabel?

Vale, reconozco que me quedé sin respuesta, porque ni yo mismo lo sabía.

―No… no lo sé ―admití, pensativo.

¿Y yo qué cojones sabía?

Lucy y Liam aparecieron después de salir de su escondite.

―¡Guau, ha sido increíble! ¡Guau! ―exclamó Lucy con una expresión iluminada, llevándose las manos a los pelos como una de esas seguidoras fanáticas de un grupo de rock.

Genial.

Sin embargo, ambos se percataron de los cuerpos desparramados que se hallaban en el suelo y sus semblantes se transformaron. Palidecieron tanto, que creí que se iban a poner azules.

―Creo que voy a vomitar ―balbuceó Liam, dándose la vuelta con la mano en esa boca suya amenazada por una arcada.

Lucy se fue con él para asistirle.

―Mierda… ―farfullé, restregándome la cara.

Sabía que este momento iba a llegar, pero creo que iba a ser más difícil de lo que me había imaginado.

―Lo dicho, un día de estos me va a dar un infarto… ―reiteró Oliver, secándose el sudor de la frente con un pañuelo blanco y pulcro cuyos bordes estaban rematados con unas prolijas puntillas. 

La sacerdotisa movió su pie y su bastón para acompañar a su prima y mi hermano, pero me di cuenta a tiempo y la detuve.

―No, tú te quedas a mi lado. Quiero que no te separes de mí ni un milímetro ―le ordené con una mirada fija e inflexible.

Su primera reacción fue el asombro. Luego su boca esbozó una ligera sonrisa.

―Sí ―asintió, dejando que su mirada me ratificara que no pensaba hacerlo.

Casi diría que literalmente.

Carraspeé.

―¿Cómo han podido saber nuestra posición? ―inquirió Jessica, nerviosa.

Salí disparado de mis pensamientos y me paré a reflexionar un segundo. 

―Somos nosotros ―opinó Tom―. Somos muchos, dejamos huellas muy claras.
―Es imposible, no puede ser ―rebatió Martha―. Siempre somos extremadamente discretos, y nos hemos cerciorado de no dejar pistas.
―Pues esta vez Yezzabel nos ha pillado ―resopló Ágatha.
―Son los protectores ―les achacó Peter, contemplándoles de arriba abajo con mala cara.
―¿Qué estás diciendo? ―se quejó Bryan, observándole de igual modo―. Somos tan sigilosos como podéis serlo vosotros.
―¡Ja! ―exclamó Danny con burla.
―Sí, claro, en vuestros sueños ―replicó Jack.

Mis palabras evitaron que el protector lo rebatiera.

―El veneno solo era una distracción para que no avanzáramos. Necesitaban tiempo para alcanzarnos ―mascullé.
―Bueno, ¿y qué hacemos? ―preguntó Luke.

Esta vez ni me lo planteé.

―Tenemos que dividirnos ―decreté con determinación.
―¿Dividirnos? ¿Estás seguro? ―se cercioró Mark.
―Sí. Si nos dividimos, engañaremos a Yezzabel durante un tiempo. Eso nos dará un margen y algo de ventaja. Vosotros continuaréis por esta ruta, así pensará que se mueve todo el grupo. La sacerdotisa y yo nos iremos solos ―el rostro de la susodicha pareció ser enfocado con una luz y sus ojos volaron hacia mí―. Nos reuniremos en el poblado rakah y partiremos juntos hacia el castillo de Kádar desde allí. La tribu nos dará su protección, incluso puede que la ayuden a recuperar su magia.
―¿Iréis vosotros solos? ―cuestionó el príncipe, mordiéndose su fino y pálido labio―. ¿No será… peligroso?

Me dio la impresión de que ese «peligro» al que se refería el pijo era muy distinto al de tener que enfrentarse a la magia negra de Yezzabel. Sí, me encantó que se viera amenazado por ese «peligro» y mi boca se curvó en una media sonrisa maliciosa.

―Conmigo no podría estar más segura ―afirmé sin tapujos ni dudas. Entonces, le clavé una mirada llena de doble sentido―. ¿O es que estaría más segura contigo?

El principito enrojeció y se vio en una encrucijada por un momento, pero parpadeó cuando reaccionó.

―No estoy diciendo eso ―alegó, aún rojo―. Por supuesto que con quien más segura se halla es contigo, eres el Dragón. Sin embargo, no veo por qué no ha de acompañaros nadie más.

Ya estábamos. Una de cal y otra de arena. Arg, que tío más repelente.

―¿No me has oído o es que no lo has pillado? ―gruñí.
―Nathan ―empezó a regañarme Mark entre dientes.
―No discutáis, por favor ―rogó la sacerdotisa.
―Cuantos más seáis vosotros, mejor será nuestra tapadera ―seguí, sin cesar en mis malos modos―. Y si vamos la sacerdotisa y yo solos será más fácil que pasemos desapercibidos. Dos se esconden mejor que tres o que cuatro.
―Yo estoy de acuerdo con Nathan, alteza ―me apoyó la propia sacerdotisa, interviniendo con la rapidez de una liebre.

Mis amigos y ella se dedicaron unas miradas cooperativas que no comprendí. 

―Pero… ―trató de objetar el príncipe, contrariado.
―Es lo mejor ―opinó Danny en nombre de todos, inmediatamente después de esas miradas.  

Bajé las cejas con extrañeza.

―Siento profundamente tener que admitirlo, pero, mal que me pese, en este caso Nathan tiene razón, alteza ―terció Oliver con un mal gesto que delataba lo que le costaba darme el tanto a mí―. Es un buen plan. Él es el Dragón y acabamos de ver que es muy capaz de proteger a la sacerdotisa. Ninguno de nosotros podría protegerla igual, carecemos de ningún poder o ayuda sobrenatural ―y remarcó la última palabra con un desaire que no me gustó nada.
―Lo dices como si mis méritos me los hubiera ganado por enchufe o algo así ―refunfuñé.
―Solo digo que ganar batallas con ayuda es más fácil.

Tócate los huevos.

―Oye, desgraciado, antes de tener ese poder ya ganaba batallas que tú ni siquiera imaginarías, a ver si te enteras ―protesté, echándome hacia delante para discutírselo frente a ese asqueroso careto suyo.
―Nathan ―me riñó Mark de nuevo, esta vez sujetándome del antebrazo.
―Además ―continué, haciendo caso omiso de mi amigo―, ese poder no explota siempre, gilipollas, ni siquiera lo hace todas las veces que a mí me gustaría.
―De acuerdo, de acuerdo ―medió el príncipe, metiéndose en el medio de los dos―. Nosotros iremos por un lado y… ―su frente se llenó de pinchacitos― Juliah y tú por otro.
―Por supuesto, me la llevo de aquí ya ―dije, agarrando a la sacerdotisa de la mano.

No solo mi acción sorprendió a todos. Yo mismo fui consciente de repente del matiz amenazante y sobreprotector con que lo había hecho. Los ojos de la sacerdotisa se anclaron en mí con la misma esperanza que habían destilado en la Entrada Real.

Maldición. Solté su mano y desvié la vista hacia otro lado.

―Llévatela ya, venga ―me instó Mark con calma, esbozando una media sonrisa.

Sesgué el semblante hacia él y la primera parte de nuestra conversación del día anterior volvió a relucir en el hueco de mis recuerdos. 

Tenía que haberle bufado.

Pero en lugar de eso al idiota de mí lo que le salió fue devolverle su mirada cómplice».








martes, 20 de marzo de 2018

MI BIOGRAFÍA EN LITERATURA J. M. ANGORA


Muchas gracias a Literatura J. M. Angora por esa mención que me hacen en su blog!! Gracias por vuestro apoyo y vuestra fe en mí ❤




JEDRAM


El terrible y despiadado JEDRAM. 

☀ SOL Y LUNA🌙



LAS SIRENAS DE SUR


Bucea en las profundidades de 💦 SUR 💦 

Los Cuatro Puntos Cardinales. SUR: https://www.amazon.es/Sur-Segunda-Cuatro-Puntos-Cardinales-ebook/dp/B01N5HS0CF/ref=pd_sim_351_1?_encoding=UTF8&psc=1&refRID=WKXH68TPYJV916JWBM35

«El azul marino volvió a envolverlo todo, junto con más corrientes frías, más burbujas y ese sonido acuático que taponaba mis oídos. Pero yo solamente podía estar a una cosa. A Nathan. Le busqué desesperadamente entre todo ese reflujo burbujeante, y entonces, cuando escuché las voces y mi rostro se giró con rapidez en esa dirección, mis párpados se alzaron aún más.

Varias sirenas se revolvían alrededor de Nathan, rodeándole sin cuartel para intentar seducirle con sus cánticos. Sus torsos de mujer, que tan solo eran cubiertos por dos conchas que ocultaban sus senos, eran esbeltos y perfectos, haciendo gala a su precedida fama mística. Sus cabellos eran largos, kilométricos, sedosos a la vista, danzaban con el agua como si esta los acariciase, como si los peinase con sus dedos formados por las corrientes. Sus rostros de ninfas eran demasiado bellos, incluso para una fémina; eran anacarados, hermosos, y lucían unos brillos blancos realmente bellos en los pómulos que hacían de su belleza algo aún más mágico. Las conchas que utilizaban para taparse diferían de unas sirenas a otras, correspondiendo a distintos moluscos, sin embargo, sus colas de pez eran todas de color verde oscuro y terminaban en una alargada aleta caudal de un verde más claro que se bifurcaba en su final. Parecía de gasa. Al contrario de lo que yo creía, sus voces eran muy dulces y melódicas, bonitas, y entonaban una única canción parecida a una nana que solo constaba de melodía. 

No podía creerlo. Eran… sirenas. Esos seres mitológicos existían de verdad…

Aunque se trataba del mismo cántico, cada sirena la cantaba a su aire, tratando de encandilar a Nathan por su cuenta. Esto, y que hubiera empujones y rencillas entre ellas, hizo que enseguida me percatara de que estaban compitiendo y peleándose por él. Nathan intentaba esquivarlas y se removía para impedir que se acercasen más, si bien ellas trataban de retenerle, sujetándole de los brazos y de los hombros. Ya estaba a punto de ir hacia allí, por supuesto, pero cuando vi que una de ellas se atrevía a tocarle el torso, reaccioné con más ímpetu.

No eran tontas, no; y ciegas se ve que tampoco. Apreté los dientes y los puños y me abalancé hacia ese embrollo sirenil para impedir que consiguieran seducirle. Además, Nathan ya comenzaba a quedarse sin aire.

No tengo ni idea de cómo lo logré en esta ocasión, pero mis piernas pasaron olímpicamente de ese faldón blanco que se enredaba continuamente con ellas y buceé con celeridad. Mi pierna izquierda se resentía con cada vaivén y la corriente me succionaba y me rechazaba sin cuartel, poniéndome las cosas realmente difíciles, sin embargo, eso también me dio igual.

Con un esfuerzo tremendo, conseguí llegar al meollo y agarré a la sirena de la mano larga por detrás, sujetándola por el hombro para apartarla de mi camino y poder interponerme entre Nathan, ella y el resto de sirenas. Estas se apartaron con desagrado cuando me vieron, aunque también parecieron sorprendidas por mi aparición. O tal vez por mi atrevimiento. Tampoco escapó a sus ojos la diadema de sacerdotisa.

Nathan aprovechó para impulsase hacia la superficie y yo le acompañé, dejando a las desconcertadas sirenas abajo. Ambos salimos y cogimos aire. Las olas nos golpearon y nos separaron, aunque Nathan pronto se apresuró hacia mí.

―July, ¿qué has hecho? Vamos, tienes que salir del agua ya ―me azuzó con voz urgente e inquieta mientras me cogía del brazo para sacarme de allí.
―No, no me iré sin ti, y sé que no te dejarán en paz, no te dejarán marchar del agua ―alegué nerviosamente.
―A mí no pueden…

Antes de que terminara, Nathan volvió a hundirse súbitamente en la profundidad.

―¡NO! ―voceé, observando el lugar por donde había desaparecido mi guerrero con horror».




jueves, 15 de febrero de 2018

UNA PEQUEÑA LECTURA


NORTE 🔥 : https://www.amazon.es/Saga-Cuatro-Puntos-Cardinales-Norte-ebook/dp/B01NBPCL89/ref=sr_1_1?s=books&ie=UTF8&qid=1486826978&sr=1-1&keywords=los+cuatro+puntos+cardinales

«Todo sucedía a una velocidad meteórica a mi alrededor, y el estridente ruido provocado por el choque entre el sable y las espadas, más los chillidos de los encapuchados, era ensordecedor. En cambio, el ninja mantenía una lucha absolutamente silenciosa, ni siquiera se escuchaba su respiración. Esos seres con rostro de calavera saltaban por todos sitios con la misma velocidad que el ninja, pero allí donde iban ellos, ya les estaba esperando él para bloquearles o atacarles. Siempre conseguía adelantarse a sus contrincantes, como el jugador de ajedrez que ya sabe qué jugada va a realizar su rival. Seguía confusa y aterrorizada, sin embargo, no pude evitar sentirme algo impresionada. Sabía que no me podía confiar, pues desconocía si el ninja también quería hacerme algo, tal vez yo era una especie de trofeo o algo así, pero me fue imposible no sentir ese deslumbramiento.

Sin embargo, y cuando ya creía que lo había visto todo, alguien más hizo su aparición.

Varias piezas metálicas volaron por el aire como balas, incrustándose en las frentes cadavéricas de algunos de los encapuchados. Me dio tiempo a ver que eran unas de esas estrellas ninja de cuatro puntas antes de que ocurriese lo siguiente. Los tres encapuchados heridos emitieron unos bramidos de dolor espeluznantes y acto seguido las grietas abiertas por las estrellas se llenaron de luz, hasta que esos brillos agrandaron las brechas y las cabezas de los encapuchados estallaron. Los mantos de las casacas de color verde oscuro, las espadas y las estrellas ninja fueron lo único que cayó al suelo.

El ninja y los demás encapuchados, a los cuales no parecía haberles importado nada la pérdida de sus tres compañeros, continuaban con su lucha, cuando, de pronto, cuatro explosiones irrumpieron en escena, asustándome. Pero mis ojos se abrieron el doble cuando cuatro ninjas más salieron de los humos blancos que se habían alzado hacia el cielo.

¡Dios mío, ¿pero qué era esto?!

El primer ninja se quedó más cerca de mí y los otros cuatro lo hicieron un poco más alejados, sacando sus armas. Los encapuchados chillaron con rabia, pero a los cinco ninjas no les asustó. Al contrario. La batalla campal que estalló frente a mis atónitas y despavoridas pupilas parecía estar bien igualada. Los cuatro ninjas que habían aparecido en último lugar peleaban muy bien, mezclando sus técnicas marciales con el arte de la katana, pero mi vista se fijó en el primer ninja. Era el que más fuerza, pericia y destreza mostraba.

Sentí algo a uno de mis lados. No sé cómo explicarlo, era una energía, una especie de brisa fresca. Eso hizo que girase el rostro en esa dirección, y entonces lo vi. Un círculo irregular cuyo borde era indefinido y opaco se estaba abriendo poco a poco, a unos metros.

No estaba en el mismo sitio que antes, pero supe de qué se trataba en cuanto lo vi. Era la salida de este horrible lugar. ¡La salida!

De repente, uno de los espeluznantes alaridos se metió en mi oído, muy cerca. Volví la vista vertiginosamente y vi, con pavor, cómo uno de los encapuchados ya estaba prácticamente encima de mí, alzando su espada para embestirme. No me dio tiempo a gritar. Tan pronto como vi esto, el sonido de un machetazo también rasgó el viento y alguien de negro se interpuso delante de mí, empujándome hacia atrás. Mi espalda se estampó contra uno de los troncos y me quedé sin respiración, no obstante, el torso del interceptor no me aplastó, ya que fue capaz de detenerse antes de que eso ocurriera, apoyando las manos en la madera. Cuando mis pulmones fueron capaces de tomar aire de nuevo, me di cuenta de que era el primer ninja quien estaba pegado a mí, y justo cuando inspiré esa primera bocanada de aire, también se metió por mi nariz un aroma que no había captado hasta ahora y que me dejó totalmente paralizada.

El tiempo pareció detenerse, regalándome un segundo que se quedó suspendido.

Esa fragancia… Esa maravillosa fragancia… Me resultaba muy familiar, sí, sentía que la había olido con anterioridad. Mis párpados se cayeron inevitablemente e inspiré ese aroma con ganas, hasta que mis bronquios se hincharon del todo. Era un aroma embriagador, cautivador, dulce, seductor…, olía extremadamente bien… 

Mis ojos se abrieron ipso facto cuando mi memoria ubicó su procedencia. El día de mi desmayo se presentó ante mí, trayéndome a la mente esos momentos de inconsciencia, esos extraños sueños, y por fin recordé de qué conocía esa fragancia.

Era el aroma de ese ángel… De mi ángel…

Alcé la vista de forma súbita y sorprendida para verle, pero su rostro estaba prácticamente cubierto por esa tela negra, y aunque la zona de sus ojos estaba descubierta, su cara quedaba por encima de la mía, solo mi frente llegaba a su mentón, así que no podía vérselos. Además, tenía la cabeza medio girada, mirando algo a sus espaldas.

Pero algo más llamó mi atención. Mis pupilas oscilaron hacia su brazo derecho y vi que la manga larga de esa especie de camisa negra que vestía estaba rota y ensangrentada. Tenía una herida afilada y profunda en la parte superior de su brazo que sangraba bastante. Me estremecí al verla, y de pronto, inexplicablemente, sentí angustia por él. Ese ninja había recibido el tajo que iba destinado a mí, me había salvado la vida. Otra vez.

Volví a levantar la vista para mirarle, con una mezcla de sorpresa y extrañeza en la mirada. ¿Por qué? ¿Por qué me protegía? ¿Era… mi ángel?

Entonces, el tiempo volvió a su ritmo trepidante de una forma súbita.

El ninja propinó una patada hacia atrás dirigida al encapuchado que se había lanzado a por mí antes, se separó de mí y se dio la vuelta para enfrentarse a él. Su katana se estrelló con la espada de su contrincante mientras me cubría y yo observaba acobardada y aterrada.

Oscilé la cara hacia el círculo que marcaba la salida y la llevé de nuevo hacia ese ninja y toda la batalla que tenía delante. Estaba confusa, desconcertada, no sabía qué hacer. Por una parte estaba muerta de miedo y quería irme de aquí ya, pero por otra, ese ninja me había salvado, ¿estaba bien largarme así? Además, ahora que sabía que él quizá era ese ángel…

―¡Vete! ―me gritó el ninja de pronto, sin girar el rostro del todo ni dejar de pelear.

Mi corazón pegó un vuelco. Esa voz… se parecía…

―¡Vete! ―bramó más alto, girándose hacia mí a la velocidad de la luz.

Su katana cortó la pequeña rama que sobresalía a un lado del tronco en el que me encontraba, haciendo que me asustara y me despegase del mismo. El ninja no me dio opción a que le viera los ojos, se volvió hacia el encapuchado con rapidez, propinándole otra patada que lo lanzó de espaldas al tiempo que su rival chillaba, y siguió luchando junto a sus cuatro compañeros para cubrir mi escapada. Estos lanzaron algo al suelo en mi dirección y otras cuatro pequeñas bombas detonaron entre estallidos ruidosos, creándose una humareda blanca que hacía las veces de pantalla.

Di unos pasos hacia atrás, dubitativa, pero mi miedo podía más, así que terminé girándome del todo y eché a correr como pude, con gran torpeza, cojeando desesperadamente y respirando a mil por hora». 

MÚSICA: https://www.youtube.com/watch?v=MtU-uHtBJ6M







jueves, 18 de enero de 2018

EL ADELANTO DE SOL Y LUNA



Hola, mis guerreros ❤

Ayer anuncié un adelanto de mi nueva novela ☀SOL Y LUNA🌛 y aquí lo tenéis. Espero que os guste ^-^ Después del parón de diciembre por motivos laborales, por fin he podido reanudar la novela. Día a día voy adelantando en la historia; ahora estoy empezando la parte final, así que espero tenerlo listo para primavera, aunque ya sabéis que siempre puede haber imprevistos ajenos a mi voluntad 😉 

En fin, os dejo una canción para que os inspire en esta pequeña lectura. 


¡Aquí lo tenéis! Lupra es un personaje que acompaña a Soka y Sephis y que ya conoceréis cuando leáis la novela ;)

SOKA.

«Chillitz no dijo nada, pero acató la petición de Lupra. Dio un par de palmadas y dos sirvientas aparecieron por la puerta.

―Acondicionad los aposentos de la torre sur ―se dirigió a Lupra―. Desde allí se ve el amanecer y el atardecer, son las mejores habitaciones de las que gozo.
―Estupendo ―sonrió ella.
―Mi señor, la torre sur únicamente dispone de tres aposentos ―le recordó una de las sirvientas al rey.
―No os daré más aposentos ―le dejó claro Chillitz a Lupra, y por primera vez, alzó el mentón con orgullo y decisión―. Tres son más que suficientes. Uno para tus secuaces, otro para el matrimonio wakey y otro para ti.
―Oh, no son matrimonio ―le reveló Lupra, haciendo un ademán con su mano que denotaba lo poco que yo le importaba.

El recordatorio me dolió.

―Eso no es de mi incumbencia ―Chillitz enorgulleció aún más su barbilla―. Solo tres aposentos. Si yacen juntos o no es asunto suyo.

Eso hirió a mi honor. ¿Qué pensaría mi padre si oyera semejante cosa? ¿Y la tribu? Después de todo, no podía obviar que Sephis se había marchado conmigo, toda la tribu lo sabía ya. Si algo como esto llegara a sus oídos…

―Yo no duermo con un hombre con el que no estoy casada ―en esta ocasión fui yo quien izó la cara con el orgullo herido.
Sephis ladeó la suya.
―Ya habéis dormido juntos durante vuestro viaje ―me recordó Lupra.

La observé precipitadamente, colorada.

―Es distinto ―excusé apurada―. Dormimos a cielo abierto, y en la aldea de los murth dormimos en habitaciones separadas.
―Entiendo… ―murmuró, observándome como si supiera algo que yo no supiera―. Bueno, si tanto te preocupa eso, puedes dormir con Gramus, Corpro y Re y dejar tus aposentos para Sephis ―sugirió con una sonrisa altiva. Su mirada era intimidante―. Aunque son sonámbulos. Cuando se levantan en sueños hacen cosas de las que no se acuerdan por las mañanas. Y a veces tienen sueños realmente malos.

Palidecí ante las risitas guturales de los mencionados.

―Yo no… no dormiré con ningún hombre ―reiteré―. Pero podría dormir contigo.
―Oh, tú no dormirás con hombres, pero yo no duermo con mujeres, querida ―me sonrió, aunque aprecié el desprecio implícito en esos dientes―. Creo que lo mejor es que Sephis y yo compartamos dormitorio.

Un estallido gélido me dejó fría.

―¿Vosotros?

Sabía que ya no era de mi incumbencia, pero no pude evitar preocuparme al imaginarme la situación. Ellos dos juntos, en un sitio cerrado. Lupra, aunque no era bella, tenía un atractivo especial, y una labia envidiable. No debía de costarle demasiado conquistar a un hombre, y era más que evidente que Sephis le gustaba. La imagen que se formó en mi cabeza me horrorizó. Una imagen en la que Lupra se quitaba la ropa, fingiendo que era para dormir, mientras Sephis se quedaba prendado…

Sephis sesgó la vista hacia mí. Parecía enfadado.

―¿Por qué no? Tú no quieres dormir con ningún hombre ―soltó con una acidez resentida.

Su actitud me sorprendió. ¿Qué le ocurría?

―Pero vosotros tampoco estáis casados ―censuré con un hilo de voz.

Intenté mantener la mirada con Sephis, pero él la apartó, todavía ofuscado. Otra risotada de Lupra lo colonizó todo.

―¿Y qué importancia tiene eso? La tribu wakey siempre ha seguido anclada en el pasado. Tal vez para tu tribu la tenga, pero ya no estás allí, querida, y en el mundo real las mujeres libres hacemos lo que nos viene en gana. Si queremos dormir con un hombre, dormimos. Si queremos follar con un hombre, follamos.

Mi rubor se escapó con un jadeo que desaprobaba ese comportamiento y viré el semblante. Tampoco pude evitar que esa última palabra rebotara en mi cabeza. Se mezcló con la imagen de Sephis».




miércoles, 17 de enero de 2018

ADELANTO


ANUNCIO: mañana otro pequeño adelanto de ☀️ SOL Y LUNA🌛 ¡Estad atentos!


viernes, 12 de enero de 2018

MIRADA


🍁ESTE🍁: https://www.amazon.es/Este-Tercera-Cuatro-Puntos-Cardinales-ebook/dp/B01N9JZE08/ref=pd_sim_351_2?_encoding=UTF8&psc=1&refRID=CRHENWDVNMFXGYK14PMX

«Mi caballo plateado no quería entrar en el contenedor de madera que portaba otro de los gansos. Nadie se atrevía a acercarse a él, ya que alzaba las patas con protesta y rebeldía, así que tuve que ir yo misma. Le sujeté de las riendas, logrando que se posara sobre sus cuatro cascos, y tiré de él para tratar de encaminarlo hacia la enorme caja. 

―Tranquilo, tranquilo ―le susurré, preocupada por su estado.

Pero él continuaba negándose en rotundo. No sabía si se debía a que el ganso gigante le daba miedo o es que simplemente le resultaba insoportable ir encerrado. 

De repente, sentí una presencia detrás y la brisa gélida me trajo un conocido olor que se internó por mis fosas nasales con ahínco. Ni siquiera había oído sus pisadas sobre la nieve. Lo que sí vi fue su dulce y caliente respiración prácticamente a mi lado, ya que se delató por el rastro que dejó al salir por su boca, a causa del aterido ambiente. Se me escapó una exhalación sorda cuando Nathan se arrimó a mí y sus poderosos brazos me rodearon para llegar a las riendas de mi caballo. Mi corazón ya había metido la quinta y mi estómago sufría otra descarga eléctrica, pero me atreví a girar mi sonrojado semblante en su dirección para observarle. Estaba completamente empapado y juraría que temblaba levemente por hipotermia, si bien eso no le restaba fuerza y misterio. Su cuerpo escultural se había pegado a mi espalda, y su cuello y el lateral de su rostro estaban muy cerca de mi cara, demasiado… Su faz viró ligeramente hacia mí y sus ojazos de plata se internaron en los míos sin prisas, con determinación, atrapándome… Nuestros hálitos se entremezclaron sin querer en esa corta distancia, aunque el mío fue más largo y logró alcanzar sus labios. Volví la vista al frente ipso facto, nerviosísima, sin embargo, no me moví ni un milímetro. Y no lo hice porque, aunque me sentía muy incómoda, mi equino no opinaba lo mismo. Mientras yo intentaba por todos los medios recuperar el aliento, el animal se relajó al instante con sus cuidadas y tiernas caricias. Nathan no dijo nada. La respiración del caballo fue calmándose conforme Nathan le hacía estratégicas pasadas con sus manos frías que, no obstante, le debían de resultar muy acogedoras, hasta que soltó un suave resollado y comenzó a caminar por la rampa de maderos por su propia voluntad, entrando en el habitáculo. 

¿Cómo había conseguido hacer eso? ¿Cómo conseguía siempre que los caballos le obedecieran? ¿Acaso él podía hablar mentalmente con ellos o algo así?

Seguí sin moverme, sintiéndole todavía pegado a mi columna vertebral, e hice que mi vista retornara a él con una mezcla de sorpresa, maravilla y admiración. ¿Cómo era posible? ¿Cómo era posible que un chico que era tan despiadado con sus contendientes, que el chico que había terminado con la vida de mi propio padre, pudiera ser tan dulce y sensible con los animales? Estaba a punto de responderme a mí misma, cuando las pupilas de Nathan me engancharon de nuevo, fijas y seguras, ocasionando una sacudida en todo mi organismo. Entonces, sin mediar palabra ni apartar sus ojos de los míos, se fue despegando lentamente, hasta que se alejó de mí por completo. Me quedé aturdida, viendo cómo se acercaba a su caballo azabache y también lograba introducirle en la pequeña caballeriza».



sábado, 23 de diciembre de 2017

SUR. EL ROBO


💦 SUR 💦: https://www.amazon.es/Sur-Segunda-Cuatro-Puntos-Cardinales-ebook/dp/B01N5HS0CF/ref=pd_sim_351_1?_encoding=UTF8&psc=1&refRID=C4WMD5C8GAVJA9F17QEB

«De repente, un ruido en el exterior me asustó, haciendo que abriera los ojos de sopetón. Una vez más, el acto reflejo me había puesto en alerta total. Respiré hondo y me dije a mí misma que seguramente había sido el viento, que había hecho crujir la madera de las fachadas.

Sin embargo, el ruido volvió a repetirse. Ya estaba mosqueada, pero cuando unos toques resonaron en el cristal de mi ventana, mi temor aumentó. Me incorporé y giré medio cuerpo en esa dirección, con el corazón retumbándome en el pecho y los ojos abiertos como platos. ¿Alguien… acababa de picar en el cristal? No se veía a nadie. ¿Quién… quién sería? ¿Algún enviado de Orfeo? ¿De Kádar…?

―July, ¿estás ahí? Abre la ventana ―cuchicheó una voz que hizo que mi corazón saltara de nuevo, aunque en esta ocasión casi se me sale por la boca, de la impresión.

No me lo podía creer… 

Nathan… ¡Nathan!

Reaccioné. Aparté la manta con una rapidez que bien se le podría atribuir a algo sobrenatural y salí de la cama de igual modo, ni siquiera cogí mi bastón.

―July ―me llamó otra vez, en voz baja.

Vislumbre su silueta a un lado de la ventana. Se encontraba encaramado al canalón, esperando a que yo le abriera por fin. 

―Nathan… ―solo fui capaz de emitir ese susurro más que emocionado.

Quité el pestillo con mis temblorosas e impacientes manos y alcé la hoja lo mejor que pude, aunque los nervios que tenía provocaron que se me encasquillase y tuviera que empujar hacia arriba otra vez.

Me aparté de la ventana, con el corazón a punto de estallar, y esperé.

Nathan no tardó más en aparecer. Se internó por el hueco de la ventana, salvando el escritorio, y sus pies, calzados por esas botas negras terminadas en esa especie de doble dedo, aterrizaron en el suelo de mi dormitorio.

Una exhalación llena de fascinación se escapó de mis pulmones cuando le vi. 

Estaba completamente empapado y su fuerte pecho se movía arriba y abajo con una respiración algo agitada, como si estuviera cansado por haber venido corriendo. Aún vestía su uniforme ninja, aunque no tenía la montera puesta ni sus armas. Se quedó inmóvil ante mí, al igual que yo. Las gotas de su pelo resbalaban por su hermoso rostro, y sus preciosos y grandes ojos plateados repasaron mi cuerpo, hasta que luego se quedaron fijos en los míos con esa mirada penetrante, ya haciéndome temblar. 

Verle aquí, delante de mí, después de todo este tiempo de agonía me pareció un sueño. Juro que sentí cómo mi alma regresaba a mí. Verle de nuevo, vivo, sano y salvo, hizo que todo el sufrimiento que me había flagelado estos días mereciera la pena con creces. Me pareció un ángel, un ángel que vestía de negro en esta oscuridad. Un ángel oscuro… 

No pude evitarlo. Me abalancé hacia él, rompiendo a llorar. Ni siquiera sentí la protesta de mi pierna izquierda. Mi pecho se estampó contra el suyo cuando le abracé, lo hice con tanto ímpetu, que su cintura baja chocó contra el escritorio, aunque a él no pareció importarle en absoluto. Le apreté con todas mis fuerzas, pero sus manos también se apresuraron a envolverme y entonces vi parte del Paraíso. Jadeé, presa del deslumbramiento. La camiseta que llevaba puesta se humedeció al contacto con la suya, pero eso tampoco me importó lo más mínimo. Por fin estaba en mi rincón perfecto, por fin le sentía conmigo. Subí las manos hasta su nuca y su pelo, tocándole con avidez para cerciorarme de que estaba aquí conmigo de verdad. Hundí mi nariz en su cuello e inspiré con todas mis ganas, dándoles a mis bronquios el privilegio de llenarse con su prodigiosa fragancia. Él hizo exactamente lo mismo al oler mi pelo y todo mi vello se puso de punta.

―Nathan… ―murmuré, emocionada.
―¿Estás… llorando por verme? ―se sorprendió, hablando con un susurro.
―Sí ―confesé.

Me despegué de él con la intención de mirarle, pero mi cuerpo no quiso separarse nada más que lo justo. Cuando me di cuenta, nuestras frentes se rozaban y nuestros ojos se enganchaban, reclamándose, hipnotizándose… Mi boca soltó otro jadeo sordo y mis mariposas resucitaron del aletargamiento al que se habían visto sometidas durante todo este tiempo sin Nathan. Saltaron con ahínco, llenándome con su energía maravillosa. Era tan guapo, tan especial, y yo le amaba tanto… 

Demasiado como para permitir que Orfeo le hiciera daño.

Tuve que forzarme con toda mi voluntad para no arrojarme a sus labios, porque toda mi alma me suplicaba que le besara con esta pasión y locura que sentía dentro de mí, aunque me separé de él rápidamente para poder conseguirlo.

―¿Qué… qué haces aquí? ―logré preguntarle.

Era obvio que no había venido para quedarse. Mi alma sintió un pinchazo de angustia, pero traté de que eso no me afectara.

Él también pareció despertarse.

―Solo quería saber si estabas bien ―desveló, dando un paso hacia mí.

Mi corazón se aceleró al ver que se acercaba.

―¿Si estaba bien? ¿Por qué… ―empecé a hiperventilar cuando llevó su mano a mis mejillas para enjugarme las lágrimas― …lo dices? ―terminé con un frágil y tonto murmullo.

Las mariposas de mi estómago aleteaban sin cesar, sin embargo, pararon cuando Nathan dejó de tocar mi rostro y sus ojazos me observaron con una gravedad que ya me puso en alerta.

―Alguien ha robado el Fuego del Poder ―reveló, tensando la mandíbula por la rabia que eso le producía.

Mi boca se quedó colgando.

―¿Que alguien… ha robado el Fuego del Poder? ―no podía creerlo, era algo demasiado grave. 
―Sí, todo fue muy extraño. Nos tendieron una trampa y caímos como verdaderos idiotas ―resopló, mirando a un lado―. No tengo ni idea de cómo lo consiguieron, pero mientras estábamos entretenidos en el bosque, alguien aprovechó para asaltar el castillo y robó el fuego ―suspiró y regresó la vista hacia mí, clavando sus ojos grises en los míos―. Tú eres la única que puede manejar el fuego, quería asegurarme de que estabas a salvo.

Me obligué a respirar.

―Y crees que ha sido Orfeo.
―Vamos, deja de llamarle así. ¿Cuándo te darás cuenta de que ese “James” en realidad es…? ―su protesta se ahogó con sorpresa al percatarse de cómo había nombrado a ese monstruo y de cómo había formulado la frase. No era una crítica, como él se esperaba, sino un interrogante casi inculpador―. ¿Le has llamado Orfeo?
―Sí. Orfeo ―asentí, bajando la vista.

Sus ojazos se entrecerraron con extrañeza, pensativos, sin embargo, el descenso de los míos hizo que me fijara en algo que no había visto antes. Su camisa ninja estaba rota en la zona de su costado derecho, a lo que se sumaba una mancha de sangre. La tonalidad negra de la tela hacía que el plasma no se advirtiera bien, pero el corte que se escondía tras el desgarrado sí que se veía. Mis ojos se abrieron con horror.

―Dios mío, ¿qué te ha pasado? ―inquirí, acercándome a él con premura.

Ni lo pensé. Empecé a desanudar su cinturón para verle la herida mejor.

―No es nada, solo es un corte ―intentó calmarme mientras yo terminaba de deshacer la lazada.

No le di opción. Abrí su camisa de un movimiento enérgico y… Dios mío, todo mi organismo se volvió loco cuando vi la impresionante musculatura de su torso. Pero Dios mío, el corte de su costado sangraba. Poco para él, seguramente, pero demasiado para mí.

―Estás… estás sangrando ―musité―. Espera… espera aquí. Te curaré.

Eché a correr hacia la puerta.

―No hace falta, July, estoy bien ―objetó con un cuchicheo que pretendió alto.

Pero yo no le hice caso y continué mi camino. Eso sí, cuando llegué a la puerta, me detuve y viré medio cuerpo hacia él.

―No… no te marcharás, ¿verdad? ―dije con un murmullo.

Nathan me mostró una de sus sonrisas torcidas y yo casi me derrito allí mismo.

―No ―prometió.

Mis labios se curvaron en una sonrisa bobalicona. Luego, me forcé a volver en mí y me giré hacia la salida para dejar la habitación.

Corrí por el pasillo medio a la pata coja, más que histérica, apoyándome en las paredes para ayudarme a guardar el equilibrio. Estaba nerviosísima. Nathan estaba aquí, en mi habitación. Estaba soñando, estaba soñando…

Entré en el baño lo más sigilosamente que fui capaz para que nadie me oyese y abrí el armario superior del lavabo de igual modo. No tenía ni idea de dónde guardaba la tía Audrey el botiquín de primeros auxilios, en realidad, ni siquiera sabía si lo tenía. Mis abuelos solían tener uno, pero mis tíos… No encontré nada tras las pequeñas y alargadas puertas de espejo, así que pasé a mirar en el bajo mueble. Tras revolver con impaciencia entre las toallas, rollos de papel higiénico y demás, por fin encontré el dichoso botiquín.

Lo cogí y salí pitando del baño.

Atravesé el pasillo en “T” otra vez arrastrando mi pierna mala, rezando para que Nathan no se hubiera cansado de esperar y siguiera en mi cuarto, hasta que finalmente me planté frente a la puerta. La abrí deprisa y sin perder más tiempo, con pánico ante la posibilidad de que mis pupilas se encontrasen con que ya se había ido. Pero ahí seguía, sentado en mi cama, alzando esos ojazos de plata cuando me vio aparecer.

Mis pies se quedaron trabados y fui consciente de que mi rostro reflejaba el deslumbramiento que me invadió al verle. Se había quitado la camisa y la estaba utilizando para taponar la herida, así que su portentoso pecho, su viril y poderosa espalda y sus fuertes brazos estaban desnudos.

Dios mío… Todo mi cuerpo temblaba, y como en el baile, otra vez me sentí pequeña e insignificante ante él.

Me llevé la mano al muslo disimuladamente. El pellizco que me infringí a mí misma fue tan fuerte, que sirvió para que reaccionase de una vez. Tomé aire, terminé de pasar a mi cuarto y cerré la puerta tras de mí.

Caminé por el dormitorio, aún nerviosa, y me senté junto a Nathan, en la cama. Él lo había hecho de lado, recogiendo una de sus piernas sobre el colchón, así que yo hice lo mismo, quedándome frente a él. Por supuesto, su aroma hizo su acto de presencia y comenzó a provocar sus efectos encantadores en mí. Tomé aire por segunda vez y posé el botiquín sobre la colcha.

―Déjame ver ―le pedí, quitándole esa camisa arrebujada de la mano para separarla de la herida. La dejé junto al botiquín y observé el corte, aunque antes no pude evitar aprovechar para echarle un buen vistazo a su torso. Tragué saliva y proseguí―. Parece que ha dejado de sangrar algo.
―Ya te lo dije, solo es un arañazo.

Los dos alzamos la vista, aunque yo la bajé enseguida, ruborizada». 





sábado, 16 de diciembre de 2017

ENTREVISTA EN EL BLOG DE J.M. ANGORA


¡Gracias a J.M. Angora por la entrevista que me concedió en su maravilloso blog! Le deseo todos los éxitos del mundo.




domingo, 10 de diciembre de 2017

EL BOSQUE DE NORTE


NORTE.


Nadie elige de quién se enamora…

Tras la misteriosa y traumática muerte de su padre, y siendo ya huérfana de madre, Juliah Olsen partió de Wilmington a los doce años para refugiarse en Boston, junto a sus abuelos. Aquel trágico suceso del que ella fue testigo le provocó una cojera irreparable, además de marcarla para siempre.

Siete años después, Juliah se ve obligada a regresar para comenzar una peculiar terapia que pretende curarla de su trauma. Insegura, deja atrás a sus protectores abuelos y a su novio, James. En Wilmington se enfrenta a un desagradable reencuentro con un fantasma de su infancia, parte de la pesadilla que la tortura: el enigmático y rebelde Nathan Sullivan.

Sin embargo, más sorpresas le aguardan. El bosque que se ubica en la parte posterior de la casa, y que le da tanto pavor, esconde un secreto muy bien guardado relacionado con la muerte de su padre, con Nathan y con ella misma. 

Juliah se verá envuelta en los entresijos de un mundo extraño y emprenderá un peligroso viaje para completar una misión que solo ella puede finalizar, contando con el insoportable Nathan como compañía. Juliah hallará la magia, se enfrentará a unos seres maléficos, conocerá lugares nuevos y tendrá que superarse a sí misma… Pero sobre todo aprenderá los caprichosos caminos que toma el amor cuando este descubre su verdadero destino. 

Sí, nadie elige de quién se enamora…

Puedes descargarlo en: https://www.amazon.es/Saga-Cuatro-Puntos-Cardinales-Norte-ebook/dp/B01NBPCL89/ref=sr_1_1?s=books&ie=UTF8&qid=1486826978&sr=1-1&keywords=los+cuatro+puntos+cardinales





sábado, 18 de noviembre de 2017

UN PASEO IMAGINARIO


¿Os apetece dar un paseo por Wilmington, Brattleboro o North Adams? Desde la web de Los4PC podéis imaginar cómo sería 😉

http://tgp7904.wixsite.com/los4pc/fuera-c1j7y