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miércoles, 25 de octubre de 2017

ESTE. DE PIEDRA


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MARK. 

«El extravagante espectáculo terminó y un hombre, que parecía salido de una película de gladiadores, apareció en escena, confiriéndole a todo esto un contraste de lo más extraño. Surgió de una de las puertas con los brazos en alza para animar al gentío, que correspondió sin problemas.

―¡Pueblo de las Cuatro Tierras! ―gritó, animando el cotarro―. ¡¿Queréis ver a nuestros luchadores?! ―el populacho dijo que sí con sus chillidos―. ¡Pues aquí los tenéis!
―Vamos ―nos azuzó el protector, abriendo la verja.
―¡Los guerreros de las Tierras del Norte! ―se escuchó acto seguido.

Y nuestro grupo, compuesto por Danny, Tom, Luke, Martha, Jessica, Peter, Jack, Mike, Sergey, Ágatha, Basam y yo, comenzamos a caminar hacia la arena entre el griterío ferviente. El colosal anfiteatro se abrió completamente ante nuestras asombradas pupilas. Lo que había visto desde la verja no era comparable a lo que se veía ahora que estaba sobre su pista ovalada. Era impresionante. Las gradas, abarrotadas de espectadores, se elevaban con poderío hacia el cielo azul, haciendo que el estruendo de los gritos y los aplausos resonara con una contundencia bestial. Todos nosotros mirábamos alrededor con cara de lerdos, menos mal que las caretas evitaban que esto se viera.

De todos modos, mi nerviosismo por el tema que me preocupaba consiguió reubicarme y me centré.

Sí, el momento había llegado. Ése en el que iba a comprobar si mis pesquisas acerca de Nathan eran ciertas. Mis desasosegados ojos fueron haciendo un exhaustivo escrutinio de las salidas de acceso a la arena, intentando dar con él entre el séquito de protectores y sirvientes de Orfeo. Sin embargo, debía de estar muy escondido, o muy bien camuflado, o tal vez fue la larga distancia que existía entre nuestra posición y las salidas, porque no daba con él. 

Tal y como nos habían ordenado, nos detuvimos frente al palco, y con una reverencia, saludamos al rey Damus. Igor permanecía serio, pero en su rostro se notaba el orgullo que sentía por nosotros. Eso me alentó durante un instante, si bien mi inquietud por Nathan se mantenía en una tensión constante.

―¡Los guerreros de las Tierras del Oeste! ―anunció el hombre de antes.

Los espectros de Kádar empezaron a salir, en medio de las potentes exclamaciones y ovaciones de los espectadores. Ambos bandos nos contemplamos cuando llegaron a nuestro emplazamiento. Ellos con esos inexistentes semblantes creados con la negrura de la misma nada que se entreveía por el hueco de las capuchas de sus casacas de color verde oscuro; nosotros con el resentimiento que todavía sentíamos porque nos hubieran robado el Fuego del Poder y por pura enemistad milenaria. Esta era una buena oportunidad para hacérselo pagar, y teníamos pensado aprovecharla. Los espectros se posicionaron a nuestro lado y efectuaron su saludo a Damus.

―¡Los guerreros de las Tierras del Sur!

Estos, sin transformarse, y equipados únicamente con los pantalones de su uniforme azul celeste y con otras máscaras similares a las nuestras, pisaron la arena al instante, marcando un paso firme de estilo militar. Suspiré y miré la puerta de los protectores del Sur otra vez.

―No puedo creerlo ―jadeó Peter de repente, igual que si hubiera visto un fantasma.

Entonces, al oír eso, una chispa de discernimiento me atizó por dentro con una contundencia que me dejó tieso durante un par de segundos. No podía ser… Mi vista, conmocionada, fue girándose lentamente conforme intentaba asimilar lo que ya estaba adivinando mi mente, entrando a la vez en un estado de shock total, incluso mi boca se quedó colgando.

―¿Qué coño…? ―musité sin apenas voz, cuando por fin lo vi con mis propios ojos.

Nathan caminaba entre los guerreros del Sur en último lugar, completamente a su bola, haciendo gala de esa indisciplina innata en él. No seguía esa marcha marcial, pero su paso, y aún más su mirada penetrante, me parecieron más firmes y peligrosos que los de todo ese grupo y el de los espectros juntos. Vestía sus pantalones negros de siempre, otra diferencia con los guerreros sureños, y su máscara era la única que tenía esculpido un rostro severo y serio, casi inexpresivo, confiriéndole, junto con el imponente tatuaje del dragón de su espalda, un aspecto más sobrecogedor y aterrador. Su sola presencia nos hizo temblar a todos, incluso el público bajó su griterío para murmurar cuando se dieron cuenta de quién se trataba. Por primera vez en toda mi vida, supe lo que sentían nuestros enemigos cuando se topaban con él.

Solté todo el oxígeno, consternado y confuso. Mis peores temores se habían hecho realidad, ¡aunque de qué manera! Como había supuesto, Nathan se había pasado al otro bando por Juliah, sí, pero lo que jamás me hubiera imaginado es que iba a luchar en la arena por el Sur. No… no podía ser… Nathan había firmado su sentencia de muerte con el Norte definitivamente, con su reino. Esto era traición… alta traición… ¿Por qué? Era el Dragón de los Guerreros, líder de los guerreros del Norte… ¿Por qué lo hacía?

Mientras Nathan y el grupo de guerreros del Sur se acercaban, miré al palco automáticamente. Igor creía estar viviendo toda una pesadilla, no quería creerlo, y se notaba que se estaba haciendo un montón de preguntas, al igual que yo. Orfeo sonrió con satisfacción y malicia, levantando su soberbio mentón, al ver la reacción de Igor y Kádar, el cual machacaba las muelas. En cambio, Juliah continuaba con ese rostro duro y frío, como si tal cosa. Mi ceño se frunció de lleno. No entendía nada. Juliah estaba por voluntad propia en el palco y no parecía importarle nada de lo que veía en la arena, y Nathan iba a luchar por el Sur…  ¡¿Qué cojones les pasaba a esos dos?! ¡¿Qué era esto?!

―Nathan nos ha traicionado ―condenó Ágatha, apretando los dientes y los puños, sobre todo cuando observó el palco con una incriminación clara hacia Juliah.

No pude articular palabra.

―No, es imposible ―cuestionó Luke, visiblemente dolido.
―Ahora mismo eso no es lo más importante ―declaró Sergey, más histérico por momentos al tiempo que su cabeza meditaba―. ¿No os dais cuenta? ¡Estamos perdidos! ¡Nos matará a todos!

Mis compañeros comenzaron a agitarse, y tengo que admitir que yo también me puse nervioso. La posibilidad de que alguno de nosotros tuviera que matarle en los juegos si llegase ese imposible caso también tendría que estar ahí, al igual que eso tendría que haberme puesto los pelos de punta, pero nadie se paró siquiera a plantearse esa absurda idea, porque todos sabíamos que ninguno de nosotros era capaz de vencer a Nathan, ninguno. Sin embargo, lo que sí era seguro es que tarde o temprano nos tendríamos que enfrentar a él en estos juegos, y ya se sabía cuál tenía que ser el resultado final de la pugna. El vencedor era el único que podía seguir con vida. Nathan era mi mejor amigo, ¿sería capaz de… matarle si se diera el más que hipotético e irrealizable caso de que le ganara? ¿Sería capaz cualquiera de nosotros? ¿Y él? Nosotros éramos sus amigos, sus compañeros de toda la vida, ¿es que nos iba a matar cuando nos venciera? ¿Qué era toda esta mierda?

―¡Sí, conoce todas nuestras técnicas! ―Jack ya se estaba llevando las manos a la cabeza.

Por fin, me obligué a despertar.

―¡Bueno, ya basta! ¡Nosotros también sabemos las suyas! ¡Y ahora comportaos, nos está mirando todo el mundo! ―farfullé, tratando de no levantar mucho el tono para que los espectros, que evidentemente ya estaban al loro, no me oyeran.

Yo no tenía el carisma ni el liderazgo de Nathan, así que tardaron un poco más de lo que me hubiera gustado en obedecerme.

Los guerreros del Sur se colocaron a unos escasos metros de los espectros, con Nathan como insólito compañero. Entonces, pude fijarme mejor en su mirada; una mirada que ya había visto con anterioridad, una mirada que conocía muy bien. Era la misma mirada concentrada que tenía los minutos precedentes a un partido trascendental, pero más intensa; era la misma mirada que tenía cuando se centraba en una batalla dura y difícil. Nosotros continuábamos desconcertados, sin embargo, cuando nos vio, Nathan ni siquiera se inmutó, parecía hecho de piedra. Ocupó su lugar en la fila y, en contra de lo que hubiera hecho normalmente, se sumó a la reverencia a Damus».

Canción para Este: https://www.youtube.com/watch?v=6xKTUhz_ACA








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