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domingo, 15 de octubre de 2017

NATHAN Y ÁGATHA. ESTE


Los Cuatro Puntos Cardinales. ESTE: https://www.amazon.es/Los-Cuatro-Puntos-Cardinales-Este-ebook/dp/B01N9JZE08/ref=pd_sim_351_2?_encoding=UTF8&psc=1&refRID=RGB7H4ZWVK7EACYA6MQF

«Unos toques en la puerta irrumpieron de repente en mis virulentos pensamientos. Me incorporé y me quedé sentado en el camastro.

―¿Quién es? ―quise saber, resoplando.

La puerta se abrió y Ágatha apareció por el oscuro umbral.

Joder. Lo que me faltaba.

―Hola ―saludó, cerrando con el trasero.
―¿Qué coño haces tú aquí?

No sé ni por qué demonios lo pregunté, porque ya lo sabía de sobra.

―Vengo a hacerte una visita, como te prometí ―me recordó, esbozando una sonrisita presuntuosa que se combinaba con un regusto claramente libidinoso.
―No quiero visitas ―repliqué con firmeza, levantándome.
―Ya me he dado cuenta. Tienes a toda una fila de mujeres y rameras esperándote por los alrededores ―y su estúpida sonrisita se amplió, como si para ella el estar aquí ya supusiera todo un triunfo.
―Vete ―le dije, señalándole la puerta con mi seria mirada para  luego volver a observarla a ella con más crudeza.
Pero Ágatha se acercó a mí con su paso sigiloso y elegante de gata.
―¿Por qué? Solo quiero que pasemos un buen rato juntos ―contestó con un ronroneo, rozando mi pecho desnudo con su dedo al tiempo que lo repasaba con una mirada sexual.

Me quedé observando cómo su yema descendía, inexpresivo, hasta que alcé la vista hacia su rostro.

―Eso no va a pasar. Vete ―reiteré con inflexibilidad, sujetando su muñeca para que su dedo no continuase bajando hacia mi pantalón.

Intentó no darle importancia a mi claro gesto de rechazo y empezó a rodear con otros métodos.

―¿Sabes? El combate de hoy nos ha dejado a todos sorprendidos, aunque seguimos un poco perdidos ―declaró, llevando unas pupilas tan seductoras como su entonación hacia las mías―. No sabemos por qué lo hiciste, y tampoco sabemos todavía por qué nos has traicionado, ni siquiera Igor parece encontrar respuestas.

No me inmuté.

―Lárgate, Ágatha.
―No me voy a ir hasta que no me des lo que quiero ―rio―. Vamos, lo único que quiero es pasar una noche con el fuerte y poderoso Dragón.
―Te repito que no la vas a tener ―volví a decir, inexpugnable.

A Ágatha le empezaron a fastidiar mis negativas y se soltó de mi sujeción, cabreada.

―¿Qué coño te pasa? Te estoy ofreciendo un buen polvo, ¿es que se te ha caído la polla o qué?
―Mi polla sigue en su sitio, pero mi cordura también ―afirmé con acidez.
―Eso último empiezo a dudarlo ―bufó.

Un breve mutismo ventiló la pequeña estancia. Ágatha lo aprovechó para soltar un exasperado suspiro.

―Será mejor que regreses con tu grupo ―le aconsejé, momento en el cual su vista regresó a mí―. Lo de Sergey habrá sido un golpe duro para todos.

Pero eso tampoco le sirvió. Se quedó observándome, analítica, como si estuviese rebuscando dentro de mis sesos.

―Nunca quisiste follar conmigo, en cambio, a otras no te importaba tirártelas ―soltó con ese gesto―. ¿Por qué?
―Porque no me apetecía ―le espeté a la cara con algo de desplante.

Se echó a reír, como si lo que acababa de decir no pudiera ser cierto. Su semblante pareció relajarse un poco, aunque podía ser otra de sus técnicas de persuasión.

―¿Acaso no te gusto? ¿No te parezco atractiva? ―preguntó con otra entonación sugerente mientras se abría la camisa».



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