Imagen

Imagen
PINCHA SOBRE LA IMAGEN SUPERIOR para acceder a los CAPÍTULOS de la saga DESPERTAR

Seguidores

Translate

martes, 9 de agosto de 2011

NUEVA ERA. CAPITULO 65: ¡ASÍ QUE ESTO ES LO QUE QUERÍAS, ARO!



TODOS LOS CAPITULOS ESTAN REGISTRADOS EN SAVECREATIVE PARA EVITAR PLAGIOS


NO DUDEIS EN DEJAR VUESTROS COMENTARIOS, PREGUNTAS, ETC, YO CONTESTARE A TODO GUSTOSAMENTE ^^




NUEVA ERA II. COMIENZO 1ª Parte (Continuacion de "NUEVA ERA. PROFECÍA")
Para leer este fic, primero tienes que leer "Despertar", que se encuentra en los 7 bloques situados a la derecha de este blog, y "Nueva Era I. Profecía". Si no, no te enterarás de nada 😉


CAPITULOS:

PARTE UNO: COMIENZO:

RENESMEE:


JACOB:

57. ESTO ES EL HOTEL DE LOS HORRORES: http://jacobnessie.blogspot.com/2011/08/nueva-era-capitulo-57-esto-es-el-hotel.html
58. NO TE IMAGINAS LO DESESPERANTE QUE ES LA ESPERA: http://jacobnessie.blogspot.com/2011/08/nueva-era-capitulo-58-no-te-imaginas-lo.html
59. SÍ, VALE, NO SÉ DE QUÉ ME ASUSTO YA, PERO ES QUE ESTO ES DEMASIADO: http://jacobnessie.blogspot.com/2011/08/nueva-era-capitulo-59-si-vale-no-se-de.html
60. ESTÁ MÁS QUE CANTADO LO QUE VA A PASAR AQUÍ: http://jacobnessie.blogspot.com/2011/08/nueva-era-capitulo-60-esta-mas-que.html
61. ¡NO, MALDITA SEA! ¡NESSIE, NO VAYAS!: http://jacobnessie.blogspot.com/2011/08/nueva-era-capitulo-61-no-maldita-sea.html
62. HONOR (PARÉNTESIS RENESMEE): http://jacobnessie.blogspot.com/2011/08/nueva-era-capitulo-62-honor-parentesis.html
63. CUANDO CREÍAS QUE YA NO IBA A PASAR NADA PERO, VA Y SUCEDE: http://jacobnessie.blogspot.com/2011/08/nueva-era-capitulo-63-cuando-creias-que.html
64. ¡JA! ¡CHUPAOS ESA!: http://jacobnessie.blogspot.com/2011/08/nueva-era-capitulo-64-ja-chupaos-esa.html

¡ASÍ QUE ESTO ES LO QUE
QUERÍAS, ARO!


Todo se paralizó por un instante.
La pulsera de Nessie tuvo que reaccionar, activando su barrera, para que el guardia que luchaba con ella no llegara a tocarla, ya que se había quedado en estado de shock, al igual que yo. El vampiro recibió una descarga eléctrica y salió despedido de espaldas; cuando aterrizó en el suelo, parecía una estatua retorcida y quemada.
Milagrosamente, mi otra elipse llegó al ataque de Alec y esos rayos azules no llegaron a alcanzar a Esme, pero fue pura suerte, ya que dicha elipse también estaba descontrolada, era como si las elipses se me hubiesen escurrido de las manos y hubieran salido disparadas a todas partes, como un caballo salvaje. Fue una coincidencia pura y dura el que esa otra elipse se topase con esos láseres que soltaban los ojos del vampiro. No sé cómo lo hice, estando como estaba, pero conseguí controlarla, enganchándola por el centro, y la retraje hacia mí para que no hubiera otra desgracia más.
No sé ni quién fue el que me quitó a ese gigante de encima para que no me agarrase otra vez; por el color del pelaje que mi rabillo del ojo percibió me pareció que era Cheran. 
No fui el único que sentí ese latigazo desgarrador lleno de dolor. Pude sentir el congelamiento de cada corazón vivo, el estupor y espanto de cada uno de mis lobos, el horror y la conmoción de los cuatro Cullen no hipnotizados, Ryam y Helen, que ya parecían imaginar por qué Nessie había gritado de ese modo al mirar a Alice… Pero el hondo y súbito dolor de Nessie se me clavó en lo más profundo de mi ser, fue un cataclismo para mí, un puñetazo, una bomba que estalló en mi corazón, haciendo que este se desintegrase completamente, llevándoselo todo por delante.
Ella… ella iba a odiarme por esto… Nunca podría volver a mirarle a la cara… ¿Cómo iba a hacerlo? Yo mismo empezaba a odiarme…
Pero, de pronto, esa parálisis que solo duró un segundo y que me pareció eterna se rompió cuando vimos cómo mi elipse no desintegraba a Alice, sino que la recorría entera, de la cabeza a los pies, compatibilizándose perfectamente con su alma dorada.
Mis ojos se abrieron como platos, pero la negrura que lo cubría todo también desapareció con la misma rapidez.
Alice…, susurró Nessie, esperanzada ante lo que estábamos viendo.
Su alma fulguró más fuerte por un instante y su boca se entreabrió cuando el poder espiritual de mi elipse terminó su raudo paso por su menudo y pequeño cuerpo, regresando acto seguido a mí. De repente, los ojos de Alice se tornaron a ese color dorado de siempre y volvieron a adquirir su brillo normal. Era como si hubiesen cobrado vida de nuevo.
Me alegré de ver esos iris con su habitual color ambarino, porque eso significaba que seguían con la abstinencia de tomar sangre humana.
―¡Alice! ―rio Nessie, abalanzándose a mí para abrazarme con júbilo―. ¡Jake, lo has conseguido!
¿Conseguir? ¿Conseguir el qué? Yo… yo no he hecho nada… Creo, estaba tan confundido, asombrado, alegre, feliz… En fin, que no sabía cómo me encontraba después de semejante susto.
Ahora pude sentir el alivio de mi manada, de Ryam, Helen y el resto de los Cullen.
―¡Eres genial, Jake! ―clamó Emmett, dándole otro puñetazo a uno de sus contendientes para celebrar mi tanto.
¡Ya no está hipnotizada!, siguió Seth con voz alegre.
Pero, entonces, algo frío, espeluznante y maléfico hizo que mi alegría bajara en picado y que mis pupilas se fueran automáticamente hacia ese medallón que colgaba del cuello del mago barbudo. Un rayo gélido atravesó mi cerebro y salió por mi cola cuando vi cómo ese ojo escarlata se entrecerraba para mirarme con un odio que me disparó un balazo a bocajarro. Me dio tal escalofrío, que toda la pelambrera de mi lomo se puso de punta.
Jake…, murmuró Nessie con temor al ver lo mismo que yo, aferrando su mano a mi pelambrera.
Tranquila, le calmé.
Sin embargo, ese maldito y malvado ojo no fue el único que me miró con inquina. El malnacido de Razvan se dignó a perder un segundo de su entretenida lucha particular para dedicarme una mirada parecida mientras rechinaba sus asquerosas muelas, aunque ese desgraciado de Nikoláy también me observó con asombro a la vez que continuaba con su pugna de chorros contra el mago de Aro.
Entre tanto, Alice pestañeó, confusa, y miró a su alrededor.
―¿Qué… hago aquí? ―preguntó mientras su boca parecía caerse al suelo. Entonces, sus ojos casi se salen de sus órbitas cuando vio a Bella y a los otros dos, aunque después se fijó mejor en Jasper y en su falta de brazo―. ¡Jazz, cariño, ¿qué te ha pasado?!
¡Ups! Menos mal que eso en un vampiro tenía remedio, que si no…
Sin embargo, aquí no había tiempo para contemplaciones ni explicaciones.
―¡No puede ser que esté consciente! ―protestó Cayo a la vez que luchaba con Vladimir.
―¡Es imposible! ―exclamó este sin dejar de embestir al canoso.
Mira, en algo estaban de acuerdo.
Aro rechinó los dientes al ver la situación y volvió a levantar esa mano seca.
De forma automática, uno de los chupasangres de los Vulturis se arrojó hacia ella, aprovechando su desconcierto.
―¡Cuidado, Alice! ―gritó Rosalie, lanzándose también en esa dirección.
Jesús con la Barbie, no sé cómo lo consiguió, pero de un elevado salto, llegó hasta Alice y la empujó para tirarla al suelo. Eso hizo que el ataque del chupasangres no lograse su fin, aunque seguían sin estar a salvo. Rosalie agarró a esa todavía perpleja Alice por la cintura en el mismo suelo, se incorporó con ella y de un brinco altísimo se encaramó a la rama de un árbol, con su hermanastra colgando.
Al chupasangres ya no le dio tiempo de lanzarse hacia ellas, Embry se interpuso en su camino y Rosalie pudo bajarse del árbol, acompañada por Alice.
Mis lobos, Ryam, Helen y los Cullen que no estaban hipnotizados estaban consiguiendo echar a todos los intrusos hacia el otro lado, de modo que esta zona de la batalla estaba quedando despejada, creando una zona de seguridad para nuestro bando. Los gigantes seguían luchando con nosotros, pero, inconscientemente, nos estaban ayudando, ya que también peleaban contra la guardia Vulturis, así que, al echar a estos hacia atrás, la mayoría de los gigantes también lo hacían para continuar combatiendo con ellos. Eso hacía que mantuvieran ocupados a los chupasangres de Aro en la otra zona.
Emmett suspiró con alivio, y más cuando ambas se colocaron cerca de él, aunque ese vejestorio chiflado volvió a alzar la mano para dar otra orden muda.
Bella, que continuaba erigiendo su escudo protector para proteger a esa momia dormilona, Edward, que parecía un robot parlanchín que chivaba todos los movimientos de los que podía, y Jasper, que permanecía completamente inmóvil, seguían hipnotizados.
Durante una fracción de segundo me pregunté por qué Alice no había sufrido daño alguno con mi elipse, sino que había salido de su hipnosis, y mi tarro cuestionó si sucedería lo mismo con los demás.
Entonces, me di cuenta de por qué había sucedido esto. La hipnosis era algo que afectaba al cerebro, no era un hechizo o un conjuro, por eso yo no podía verlo. Sin embargo, esa hipnosis estaba creada con magia negra, eso hacía que sus ojos se hubieran vuelto rojos, pero mi poder espiritual era lo suficientemente fuerte como para limpiar su mente de esa magia negra, como para eliminar ese estado inconsciente de algún modo, y el hecho de que los Cullen tuvieran unas almas limpias y buenas, doradas, hacía que mi poder fuera totalmente compatible con ellos, de ahí que no les destruyese. Me quedé asombrado por mi propio descubrimiento. Mi espíritu de Gran Lobo era capaz de distinguir las almas buenas de las malas, eso ya lo sabía, pero, además, las diferenciaba hasta el punto de saber a quién tenía que aniquilar y a quién no. Guau. Esto cambiaba mi manera de usar mi poder totalmente, porque ahora no tenía que andarme con chiquitas ni con miedo por si le daba a uno de los Cullen. Ellos no se iban a desintegrar con mi elipse nunca. Y Ryam y Helen tampoco, puesto que sus almas también eran brillantes y doradas.
¡Genial!
Otro de los chupasangres de Aro se dirigió hacia ellos, acatando la orden inaudible de su amo.
No lo dudé, no ahora que ya sabía que a ellos no les hacía daño, sino que les hacía salir de esa hipnosis.
¡Atento, Quil!, le avisé, ya que era el único que se acababa de librar de uno de los gigantes.
¡Entendido!, comprendió al ver mi pensamiento, ya corriendo hacia allí.
¡Sí, Jake!, aclamó mi chica.
Con rapidez, volví a extender mi esfera guerrera por encima de mi círculo de luz protector y lo transformé en elipse. La moví, agarrándola por el núcleo, y, aún torpemente, todo hay que decirlo, conseguí dirigirla hacia Bella, Edward y Jasper.
Glups, Jasper. Por un minúsculo momento barajé la posibilidad de no despertarle y esperar a que esta batalla terminase, o, al menos, a que su brazo llegara a él y se insertase en su sitio. Podía decirle a Edward mentalmente, a través de alguno de mis lobos, que agarrase a Jasper y lo pusiese a salvo, hasta que esto se acabase…
¡Jake!, me regañó Nessie.
Vale, vale.
En fin, no me quedaba más remedio.
Quil se interpuso en el camino del guardia Vulturis, iniciando una lucha con él, y yo pude actuar a mis anchas.
Aceleré mi elipse y esta destruyó el escudo de Bella con facilidad, pero, justo cuando se iba a insertar en su cuerpo, algo repentino chocó con mi poder espiritual, desviándolo de su trayectoria con una brusquedad y violencia inusitadas hasta para mí.
Un chorro de energía roja, tan roja como la sangre, se había estampado contra mi elipse, impidiéndole llegar a su objetivo. Esto hizo que su centro se me resbalara de nuevo y que la elipse se desbocase una vez más, aunque no tardé en volver a sujetar su núcleo y a controlarla. Mi vista enseguida se giró hacia el culpable de tal ataque, y me quedé de piedra.
Pensaba que era ese barbudo de Nikoláy, pero no. Para mi asombro y desconcierto, era ese ojo maquiavélico y malvado del medallón. La energía roja salía de su pupila, y lo hacía con una saña y un odio que me helaba. No me lo podía creer.
¡¿Qué coño es eso?!, masculló Paul.
Ese viejo chiflado de Aro abrió los ojos, pero no con un asombro negativo, era más bien positivo, muy positivo. Su repugnante semblante de papel cebolla era el puro retrato de la codicia, pero no me miraba a mí, observaba a ese medallón con ganas. Entonces lo supe. Aro iba tras ese medallón, por eso había hecho que su mago se enfrentase a Nikoláy, y ese colgante era el causante de la magia negra que había hipnotizado a los Cullen.
Mientras seguía con su duelo particular, las pupilas del barbudo Nikoláy también se desviaron hacia mí, pero estas me miraban con una sorpresa rabiosa.
El chorro sanguinolento seguía empujando a mi elipse para retenerla. Ahora podía sentir toda esa maldad que desprendía de primera mano, era como si me tocase a mí, y, sí, maldita sea, era espeluznante, cruel, maquiavélica… Si antes se me había puesto el pelo de punta con esa mirada del ojo, en este momento el escalofrío recorría todo mi cuerpo.
Jake…, susurró Nessie, asustada.
Pero yo no me amilané. Ya estaba hasta las narices de tanta magia y tanto cuento chino. Empujé mi elipse, cabreado, y con un movimiento brusco, potente, el chorro carmesí sufrió mi empujón, saliendo despedido hacia atrás.
Ese repulsivo ojo no fue el único que se abrió del todo más que sorprendido, el cual dejó de soltar esa energía, el mago barbudo no se podía creer lo que acababa de ver.
Esa distracción y bajada de guardia fue suficiente como para que el mago de Aro consiguiera hacer una fisura en la barrera violeta de Nikoláy, que se rompió en mil pedazos. Aro no desaprovechó la oportunidad. Era lo que estaba buscando y lo iba a conseguir. Se lanzó como un torpedo ultrasónico hacia el búlgaro y con la mano en forma de garfio dio un zarpazo certero, arrancándole ese medallón.
―¡NO! ―gritó Nikoláy.
Sin embargo, fue lo único que le dio tiempo a hacer. Nikoláy no tuvo opción. En cuanto el Vulturis se retiró con su presa, el mago de capa roja arrojó otro de sus chorros negros. El búlgaro tuvo que erigir otra barrera con precipitación para que la energía oscura no llegara a tocarle, eso sí, sus dientes chirriaban tanto, que su rabia casi se podía escuchar de verdad.
―¡No! ―chilló también su hermano.
Esos desgraciados de Ruslán y Razvan, más el encapuchado, que dejó su lucha inútil con el rastreador para retirarse hacia atrás, se quedaron paralizados por un instante.
Yo tampoco desaproveché este momento de confusión y distracción. Sin pensármelo dos veces, llevé mi elipse hacia Bella, Edward y Jasper y esta vez sí, la inserté en sus cuerpos, atravesando los tres al mismo tiempo.
Como le había pasado a Alice, mi poder espiritual los recorrió enteros, de arriba abajo, y cuando terminó sus ojos se colorearon de dorado, volviendo en sí.
―¡Aro, los Cullen! ―le avisó esa momia canosa, retirándose hacia atrás de un salto.
Pero ese viejo decrépito estaba observando el medallón que tenía entre sus manos con esa cara de loco perdido.
―¿Qué… está pasando? ―inquirió Bella con un hilo de voz cuando vio todo este jaleo.
¡Traed a los Cullen, rápido!, les ordené a mis lobos.
―¡No huyas, cobarde! ―le increpó Stefan a Cayo, ofendidísimo.
Este se abalanzó hacia el fósil canoso de nuevo, que ya se había colocado junto al Vulturis adormilado, pero Demetri, que ahora se había quedado más solo que la una, se interpuso en su camino, así que no le quedó más remedio que luchar con él.
―¡Malditos! ―gruñó.
Quil ya se había cargado a esa sanguijuela, así que no lo dudó ni un segundo. A él se unieron Isaac y Shubael, que también corrieron junto a Edward, Bella y Jasper para empujarles con la cabeza. Ninguno de los tres parecía explicarse qué estaba pasando, incluido Edward, que se afanaba en sacar deducciones de todas las mentes que podía ver, pero hicieron caso a mis lobos y salieron por pies de allí para venirse a la zona segura de nuestro bando.
―¡Renesmee, cielo, ¿qué haces aquí?! ¡¿Y qué está pasando?! ―interrogó Bella, asustada, al llegar a nuestro lado.
―¡Mamá! ―sollozó mi chica, arrojándose a ella para abrazarla―. Estáis bien.
Bella correspondió su abrazo, pero Nessie enseguida se separó de ella para abrazar a su padre y a sus tíos.
Entonces, cuando Jasper abrazó a Nessie, se dio cuenta de que le faltaba algo.
Ay.
―¿Qué…? ¡¿Qué me ha pasado en el…?!
¡Atentos!, ladré, interrumpiéndole.
Los gigantes se quedaron paralizados durante un par de latidos de corazón, dejando las luchas que tenían con nosotros y la guardia Vulturis, y, de repente, comenzaron a caminar hacia la zona donde esos viejos decrépitos y los rumanos seguían con sus luchas particulares.
Al estar nuestra zona totalmente despejada, expandí mi círculo de luz brillante protector y los cubrí a todos.
¿Qué pasa ahora?, se preguntó Cheran.
Es el medallón, expliqué al tiempo que yo mismo me daba cuenta de esto. Ahora obedece a la voluntad de Aro.
No pude evitar que me rechinasen los dientes.
―Los gigantes son manipulados por la magia negra de ese medallón ―siguió Edward, que ahora podía oír nuestros pensamientos y, de paso, aclaraba las cosas para el resto.
Vaya, parecía que ya se había pispado de todo.
Odio decir esto, pero me alegro de verte y de tenerte aquí, le dije. Contigo todo es más fácil. La comunicación y eso.
―Gracias, lo mismo digo ―me contestó, curvando su labio en una especie de mueca.
Bella nos miró sin comprender, pero sonrió.
Los gigantes se quedaron quietos junto a la guardia, totalmente mansos y dóciles, y los chupasangres que conformaban a la misma también se quedaron inmóviles, en formación, a la espera de órdenes. Sin embargo, las almas que se aferraban al cuello de los cuerpos de esos colosos no dejaban de implorarme con esos gritos desgarradores que no se escuchaban.
Ese viejo chiflado se colocó junto a los otros dos Vulturis, mientras Nikoláy, Ruslán y ese bastardo de Razvan continuaban luchando con sus magos particulares, una pugna que parecía no tener fin y que se veía desesperada para esos tres desgraciados. El encapuchado parecía haberse dado cuenta de alguna situación y permanecía alerta, agazapado.
Me di cuenta de qué situación se trataba cuando ese loco de Aro giró su semblante momificado hacia los magos y sonrió con arrogancia. Los caretos de los rumanos y los búlgaros pasaron al pánico automáticamente, sus asquerosas cabezas emanaron esos vahos azulados, saliendo despedidos hacia arriba, como el vapor de una tetera. Sí, lo supe con total certeza. Ahora Aro tenía el control total con ese extraño y espeluznante medallón, cuyo ojo no dejaba de mirarme ni un instante. Ese colgante tenía un poder inmenso, lo notaba, lo sentía, toda esa maldad procedía de ahí, y los magos búlgaros debían de haberse quedado en calzoncillos sin él. Seguramente los tres magos eran bastante poderosos, pero ese medallón les proporcionaba mucho más poder, y ahora no lo tenían.
La Pitufina también mostró una sonrisa triunfal y orgullosa que le dedicó a Nessie desde sus filas. No sé qué significaba eso, tenía algo que ver con su pelea, seguro, porque las muelas de mi chica no se rompieron y no me arrancó el pelaje que su mano aferraba de milagro.
La sonrisa de ese Vulturis tarado no se borró de su asquerosa cara ni un instante. Entonces, mis pupilas se abrieron como platos cuando vi cómo el ojo dejaba de mirarme a mí para hacerlo con los tres magos, y cómo el medallón latía, al igual que hacía la pulsera de Nessie. Una neblina grisácea comenzó a salir de los cuerpos de esos desgraciados de Nikoláy, Ruslán y Razvan a una velocidad de vértigo.
―¡No! ―gritó Razvan.
Pero ya era demasiado tarde. Las tres neblinas atravesaron rápidamente sus burbujas violetas como si nada, dejando atrás sus cuerpos petrificados, y se fueron hacia la pupila del ojo del medallón a la velocidad de un viento huracanado.
El medallón había reclamado lo que era suyo, esa magia negra extra que les había prestado a esos tres patéticos magos. Ahora el colgante tenía otro dueño y obedecía a su voluntad.
El encapuchado y los rumanos intentaron huir, pero el ojo se lo impidió, dejándoles inmóviles. Ni siquiera pudieron hablar. Sus pies se clavaron en el sitio y se quedaron tiesos, con esas posturas extrañas de escapada. Al encapuchado no podía verle el rostro, pero el careto horrorizado de los otros dos lo decía todo.
Nosotros tampoco podíamos escapar. La situación estaba más que clara: esto se estaba poniendo muy chungo.
Los cinco poderosos magos de rojo no tardaron nada en actuar, lanzaron sus chorros negros sin cuartel hacia esos desgraciados de Nikoláy, Ruslán y Razvan, y resquebrajaron sus barreras como si fuesen simples cristales.
Sus vahos azulados llegaron hasta el cielo, sobrepasando las copas de los árboles. Los tres gritaron con horror y mostraron hasta las cuencas de sus blancos globos oculares cuando los chorros llegaron a ellos. Vale, me habían robado mi venganza particular, pero podía servirme con esto. Sin embargo, cuando mi labio lobuno estaba a punto de curvarse con una satisfacción un tanto maléfica, sus gritos desgarradores de dolor se vieron repentinamente interrumpidos.
Giré mi rostro súbitamente hacia Aro y vi que había levantado su paliducha y tísica mano, por eso los cinco magos de color carmesí habían dejado de soltar su magia negra.
¡¿Qué demonios hace?!, protesté enérgicamente.
―Todavía no habéis de morir ―dijo, manteniendo esa sonrisa alocada que mostraba cuánto le gustaba el poder.
De repente, el ojo del medallón escupió un rayo de color púrpura oscuro que se extendió hacia ellos vertiginosamente en forma de abanico, siendo un hilo desde la pupila y ensanchándose a medida que llegaba a ese trío y a sus acompañantes inmóviles, hasta que cubrió a esos seis por completo.
Todos nos quedamos perplejos.
En un abrir y cerrar de párpados las seis víctimas del medallón se volvieron completamente sumisas, al igual que había pasado con los gigantes, y se colocaron junto a estos y los miembros de la guardia, en formación, frente a nuestro bando.
Ese asqueroso fósil de Cayo sonrió con satisfacción, acompañando al chiflado de Aro, mientras que nosotros todavía seguíamos con cara de idiotas.
―Bien, ahora podemos empezar la guerra de verdad ―declaró Aro.
Todas nuestras filas rechinaron los dientes.
Hijo de perra. Esto era lo que quería desde el principio. Hacerse con ese medallón para enfrentarse a nosotros.
―¡Maldito traidor! ―rugió Emmett, que no salió despedido hacia él porque Rosalie le cogió de la mano y le paró los pies.
―No corras tanto, mi querido y valiente Emmett ―le respondió ese chiflado, colgándose el medallón en su cuello―. La lucha tendrá lugar mañana, a las doce del mediodía.
¡Idiota arrogante! ¡No tienes por qué darnos ventaja! ¡Luchemos aquí y ahora!, rugí yo también, mostrándole mi poderosa dentadura con cólera.
Nessie no fue la única que me detuvo. Como siempre, Edward me interpuso su brazo y no me dejó arrojarme hacia Aro.
Retiraba lo dicho hace un momento. Estaba mejor sin él.
―Mañana ―asintió el idiota de Edward.
Y la sonrisa de Aro se amplió.

7 comentarios:

  1. ¡Hola a todos! Soy JACOB&NESSIE ^^

    ¡¡MUCHISIMAS GRACIAS A TODOS POR ESTAR AQUI Y LEERME! Ya sabéis lo feliz que me hacéis =)

    No sé quién me preguntaba quién era el encapuchado. Pues es la sombra =) Es que Nessie le llama la sombra y Jake el encapuchado xD

    Gracias por tener paciencia y esperar los capis =)

    Lametones!!!!

    ResponderEliminar
  2. Hola. Pero la sombra es vampiro o no. Bueno solo felicitarte por tan excelente capitulo como siempre me has dejado asombrada realmente eres increíble suerte con tus escritos y espero que los sigas colgando todos los días besos y hasta pronto ( : kiara

    ResponderEliminar
  3. holllllaa tamara FASCINANTE es que jake no tiene rival wuauuuu que suerte para los cullen tenrlo de su lado verdadd .....hasta mañana :)

    ResponderEliminar
  4. muy bueno este capi...lo mejor menos que ya los cullen ya no estan hechizados...jej...mañana espero el proximo sos la mejor...

    ResponderEliminar
  5. Buenisimo....me tienes intrigada , hechizada y atada a esta MARAVILLOSA historia........
    gracias
    elsa

    ResponderEliminar
  6. aaayyy.... ya kiiieroo q termiiine la peleeaa, y q jake y renesmee tengan un bebitoo!!! falta muchoo??? =D
    leonella argentina

    ResponderEliminar
  7. Ala ala ala ala ala ala alaa estuvo mega genial! Me encanto el capitulo fue completamente genial cuanta adrenalina! me tenias con los pelos de punta! genial! y toda via se pone sus moños Aro con que quiere pelear al otro dia!! D: jajaja
    ya espero el prox cap cuidate
    Besos.

    ResponderEliminar